domingo, 6 de noviembre de 2016

UN POCO DE OCÉANO EN QUADRA ISLAND

Click here to read the English version

De la experiencia urbano-hippy-rural de casa de Ross y Judy nos fuimos a casa de Jim y Maria en Quadra Island, una pequeña isla situada entre Vancouver Island y lo que aquí llaman “mainland”, lo que sería la British Columbia continental.


Para ir de Cumberland hasta Campbell River, que es desde donde zarpa el ferry (diez minutos de travesía) hacia Quadra Island, había dos opciones: ir en autocar por casi cuarenta dólares o hacer autoestop. Mientras mirábamos la web de los autocares tuvimos la suerte de que Judy andaba cerca cocinando y nos mencionó que podíamos conectar líneas de autobús municipal. De esta forma nos subimos al autobús número 2 que pasa tres veces al día por delante de su casa. Ese mismo autobús se transformó en el autobús 12 (sin ni siquiera tener que bajar de él o pagar otro billete) hasta llegar a la población de Oyster River. Una vez allí nos estaba esperando el autobús número 10 del término municipal de Campbell River que nos dejó a quinientos metros del muelle de los ferris.


Cruzamos hasta Quadra Island y nos encontramos con Jim, un señor de 67 años con la energía de uno de 20. Lo primero que hicimos fue ir a la guardería de su nieta a recoger nueces y quince cubos de arena que pesaban como demonios. Luego, ya de camino a su casa, paramos en un par de playas de guijarros famosas por estar llenas de “driftwood”, madera a la deriva. Artistas y artesanos de Quadra utilizan esta madera para sus esculturas.


Un poco más tarde llegamos a lo que iba a ser nuestra casa durante los próximos ocho días. Fue un poco como una vuelta a nuestros días por Australia. Nada más entrar a los terrenos de Jim y Maria nos encontramos con nueve coches y furgonetas medio desmontadas, tres barcos en tierra y otros dos anclados en el pequeño muelle. Ninguno funcionaba evidentemente. Entre el cementerio de coches y la casa había dos cobertizos llenos de chatarra, toda extremadamente bien ordenada, clasificada y de fácil acceso, pero chatarra al fin y al cabo.


Entramos en la casa, gigante y sin acabar todavía (siempre hay paredes que se pueden tirar durante el verano para tener mejores vistas que luego hay que reconstruir antes del invierno), y, lo que por fuera asustaba, por dentro reconfortaba. Se estaba calentito, los espacios eran amplios y no había trastos por todas partes, al contrario, todo parecía tener su sitio.


Y en cuanto a la “habitación de los helpers”, pasamos de una buhardilla con goteras en un taller de bicicletas a una habitación con manta eléctrica en la cama, dos sofás, televisión, dvd y vhs, bicicleta elíptica, lavabo y vistas al Pacífico. Un lujo. Y Maria era una excelente cocinera compulsiva, así que comíamos como Hobbits (desayuno, segundo desayuno, almuerzo, comida, merienda, cena…). Hemos estado encantados de la vida.


Con Jim y Maria hemos preparado el invernadero para la próxima temporada, hemos puesto los tablones exteriores en una de las paredes de la casa, hemos guardado y ordenado la leña para el invierno, hemos ayudado a Jim a recoger y clasificar un montón de trastos… todo muy variado.


Una de las cosas que hemos aprendido durante nuestros días en Quadra Island es que por muy bueno que sea algo, si te pasas, no es tan bueno. Jim es generoso en exceso. Esto suena genial, pero hace que sus terrenos parezcan una chatarrería. Su filosofía, exactamente como él mismo la explica, es la siguiente: esto que esta persona está tirando yo no lo necesito hoy, pero igual alguien lo necesita mañana; así que lo guardaremos por si acaso. Y de tantos por si acasos ha acabado con más tablones que en Leroy Merlin y con más motores fueraborda que en puerto de Vilanova. Él lo guarda todo porque tiene la necesidad de ser capaz de satisfacer las necesidades de los demás de inmediato. Así, si alguien viene preguntando por una pala pues se la puede regalar al momento. Y lo mismo con un sistema de fuegos artificiales, con un cargador de baterías para barcos, con un calentador de gas para la terraza, etc. Los más variopintos objetos que se pueden imaginar, Jim los tiene en su casa, seguro, listos para regalar. Y este es el punto clave: Jim es la única persona que hemos conocido a la que el dinero le trae absolutamente sin cuidado.


Nosotros no viajamos de la manera que lo hacemos para meternos en la vida de la gente y juzgarles, eso sería mezquino, nosotros viajamos para observar y participar en diferentes estilos de vida, aprender, entender, valorar y reafirmarnos en la idea de que las cosas, por ser diferentes, no tienen por qué ser mejores o peores necesariamente. Habiendo experimentado la vida de Jim y de Maria, entendemos sus motivaciones pero no compartimos sus ideas y filosofía. La excesiva generosidad de Jim ha hecho que su casa sea, por poner un ejemplo, imposible de asegurar, y que sus terrenos parezcan un desguace. Hay que decir que Jim y Maria son los anfitriones más acogedores y abiertos que hemos encontrado desde que empezamos a viajar y Quadra Island es muy bonita, pero esto lo dejamos para la próxima actualización.

Enrique & Marina
English version

OUR CORNER OF QUADRA ISLAND


From the half rural half urban hippy episode with Ross and Judy we went to Jim and Maria’s oceanic retreat in Quadra Island, a picturesque island between Vancouver Island and what it’s known as “mainland” or the continental British Columbia.


Quadra Island is reached by boat or hydroplane. BC ferries takes you there from Campbell River (in Vancouver Island) sailing for about ten minutes. But to get from Cumberland to Campbell River we needed to hitch a ride or take a very expensive bus. Luckily, while discussing our options, Judy overheard our conversation and said that we could also link public buses up to the terminal. She told us that the number 2 goes past the house three times a day, goes to downtown Cumberland and then turns into the number 12 taking us to Oyster River for only $2 each. There, the bus number 10 of the Campbell River network would take us on board and drop us off 500 m far from the harbour for the same fee as before. 


We crossed the straight and in Quadra we met Jim, a 67 year old man with the energy of a teenager. The first thing we did with him was to go to a daycare centre and pick up a bucket of walnuts and 15 of sand. I also got some nashi pears which looked OK but turned out to be pretty much rotten, I didn’t know they’re still so firm when they’re brown inside. After, as it was on the way, we stopped in a couple of driftwood beaches to contemplate the ocean and scrutinize the shore looking for interesting shapes in the banked up logs and the rocks. Several local artists and craftsmen use these resources to do their work. 


Once finished the scenic drive, Jim took us to our home for the next eight days in the island. It felt like going back to our days in Australia. Nine cars and trucks in various levels of dismantlement welcomed us to his property along with three boats on shore and two tied to his little dock. Every single vehicle has a story and Jim tells them graciously as he leads you in. At the end of the driveway there’s a house and two spacious sheds completely full of perfectly sorted stuff. 


Jim’s house, although unfinished (taxes are lower if your house isn’t complete, besides who’s got time to finish a house if you can start with the extensions before the main building is even done), was homey and comforting. The living area was warm, every room was spacious and despite the ornaments being plentiful they were properly arranged and made up a inviting and comfortable funky place. 


About the “helpex's room”, we shifted from a cold attic with several leaks to a huge room with a double bed with electric blanket, a sitting area with a couple of couches, two TV’s, a DVD and a VHS player, a music player by the bed, lots of dressers, two mirrors, a desk and a little exercise machine. We had our own complete bathroom right in front of our door. And on top of that, we had views of the ocean from most of our many windows and a huge collection of National Geographics by our door. Luxury. In addition, Maria was an amazing cook and Jim loved having tea breaks so we ate like hobbits, or like Spaniards which means at least five times a day. What’s more, we really enjoyed sharing conversations, movies, stories, recipes and books with them. We were delighted. 


Our work was very flexible and relaxed. Sometimes we worked the whole day, sometimes we didn’t get much done. We managed to put the greenhouse to bed for the winter, Enrique and Jim nailed a few weather boards to the side of the house, we both filled the basement wood pile up to the rafters and we also helped Jim’s neighbour to vacate his house to be sold. 


Jim’s an endless source of knowledge, skills and generosity. He’s also really creative and finds value in pretty much everything he comes across with. For this reason, even if something is not covering a current need, it may come handy in the future and therefore it’s worth to keep it. He’s the person who would help when someone’s looking for an odd piece of machinery, a strange part for a vehicle and anything in-between. Furthermore, he would most likely give it away for nothing  or close nothing because he got it for free. The down side is that his land is packed with piles of stuff waiting to some friend to need them.  


Meeting people like Jim and Maria (who’s patience will soon be in the Guinness book of Records) makes us love even more this way of travelling. We don’t mean to get into people’s life to judge them, that would be despicable. We like joining people’s lives to discover and try different lifestyles, learn, compare, understand and ultimately back up our motto which is that things aren’t better or worse for the only reason of being different. Eventually, we’ll chose our own ways and, even though will most likely not follow Jim’s stuff-saving philosophy, will somehow be affected by what we learnt from him and Maria. They have definitively been one of the most generous families we’ve lived with and they’ve not only open their home but also their hearts and have shared with us one of the most beautiful spots by the ocean we’ve ever seen. But we’ll tell you about the beauty of Quadra the next time.


Enrique & Marina

1 comentario:

  1. Leí el blog con la abuela y nos gustó mucho.
    Besos.

    MAT

    ResponderEliminar