domingo, 2 de junio de 2013

COSAS DE CASA


Volvemos a escribir aquí en el ciberespacio sobre las pequeñas cosas que rompen la rutina que conlleva construir una casa en Australia. Lo hacemos ahora porque, a pesar de no tener la casa acabada, en breves vamos a retomar el ritmo propio de un viaje de estas características. Empezamos, en riguroso desorden cronológico ya que no recordamos las fechas…

Los misinos

En el tiempo que llevamos aquí hemos aniquilado a veinte ratones de campo que estaban protagonizando un curioso éxodo rural de fuera de la casa a dentro de la casa. Un truco: mantequilla de cacahuete. Olvidaos del queso, es un mito (a menos que esté bien sujeto a la trampa). Cuando utilizábamos queso los ratones se acercaban a las trampas, se plantaban delante y cual Indiana Jones retiraban el pedazo de queso sin que el sensor de presión se activase.

A lo que íbamos, los gatos. Los ingleses, señoritos ellos, introdujeron en Australia los zorros porque les gusta cazarlos. Con tal de que sobreviviesen hasta que los cazasen introdujeron también conejos. Son la plaga número uno y número dos del país. La plaga número tres son los gatos asilvestrados que suponemos se inició cuando alguna señora mayor perdió a su lindo gatito.

Hace unas semanas se instaló por aquí una gata asilvestrada. Marina y yo lo vimos con buenos ojos ya que mientras el animal rondaba por aquí la población ratonil se mantuvo a unos niveles aceptables. De todas formas un gato asilvestrado no es bienvenido aquí ya que representa una amenaza para la fauna local y también para las gallinas. Como contamos hace algunas entradas del blog pillamos a esa gata con una trampa para possums.



Unos días después descubrimos que teníamos dos huéspedes peludos alojados en el cuarto de la lavadora. Eran dos gatitos a los que estuvimos dando de comer durante tres o cuatro días con el objetivo de poder atraparlos a los dos a la vez con la trampa para possums. No queríamos que uno entrase y el otro se quedase fuera o, en el peor de los casos, le bajara la puerta encima.

La cuestión es que los pillamos y, como eran pequeños, pensamos que tendrían la oportunidad de desasilvestrarse, así que los llevamos a un refugio para gatos (Ingrid’s Haven) que hay a una hora en coche desde Kyneton. La dueña nos dijo que debían tener unas seis o siete semanas y que eran “recuperables”. Un día de estos le enviaremos un correo a ver qué tal andan.

La prole de Henrietta

La última vez que escribimos sobre Henrietta acaba de tener cinco pollitos, que al final fueron cuatro ya que uno murió ahogado en el bebedero escasos minutos después de salir del huevo. En fin eran tres pollitos blancos y uno negro mezcla de gallina normal y silkie (venían de la granja de Gwen).



Gracias a la sobrealimentación a la que Marina ha sometido a estos pollitos han ido creciendo a buen ritmo.




Actualmente están hechos todos unos pollos. Creemos que son tres gallinas y un gallo. Lo de que hay un gallo es seguro, lo que no sabemos a ciencia cierta es si hay más. Esto medio equilibra la balanza ya que en la última remesa de pollitos de Henrietta (estos sí hijos biológicos) hubo tres gallos (al más bonito lo mató un zorro) y una gallina.



En la foto superior aparecen ayudándome a cavar.

Ovejitas

Hace un par de semanas Gwen se tuvo que ir unos días a Melbourne por lo que Marina y yo nos quedamos en su casa cuidándole a los animales. Llegamos un sábado por la tarde con el tiempo justo para cerrar el gallinero, encerrar a las ocas e irnos a cenar a Castlemaine con Will (el hijo mayor de los Bakes) y Val (el chico francés, de Estrasburgo).



Al llegar vimos que todas las ovejas estaban en una parte del campo excepto una, que estaba sola en el otro extremo. Era Lily, la oveja que Gwen crió con biberón y que se comporta como un perro en tanto que la llamas y viene a pedirte caricias o, en su defecto, alfalfa, manzanas o lo que lleves encima.



Nos acercamos a ver qué pasaba y justo acababa de parir a tres corderitos. ¡Tres! Es el segundo año que lo hace. Si hubiésemos llegado unos minutos antes habríamos visto el parto entero; casi que es mejor haber llegado tarde.



En fin, durante la noche el zorro se llevó a uno de los corderitos así que se equiparó el número de ubres al número de “mamones”. No hay mal que por bien no venga, aunque Lily era capaz de hacer crecer a tres corderos.



A partir de entonces sacamos el tractor del garaje, pusimos una alpaca de alfalfa en su lugar y Lily y los corderitos empezaron a pasar las noches ahí, y tan felices ya que durante el día pueden estar a sus anchas por el olivar y “ayudar” a Gwen en la recolección de aceitunas.

Yo para ser feliz quiero un camión



Cuando Rob estuvo cortando árboles y trayendo los troncos a la propiedad tuvimos una visita de peso.



Los últimos troncos los trajeron en un camión enorme de los años ochenta que había sido restaurado recientemente.



Era enorme y. según nos contó el dueño, había sido utilizado como “road train” años atrás. Muy chulo. Por un rato nos sentimos como Red Barclay antes de fallecer por comer un Don Solomillón más rápido que Homer.

Sant Jordi



Por estos lares no se celebra Sant Jordi así que tuvimos que explicarles la tradición del libro y la rosa. Después de nuestra historia Judith se moría de ganas de estar en Catalunya un veintitrés de abril.

El arreglo del estudio

Marina y yo dormimos en lo que antiguamente fue un estudio de fotografía que se encuentra a unos cien metros de la casa justo en el límite con el bosque. La verdad es que su aspecto exterior era algo desangelado así que nos pusimos manos a la obra para adecentarlo un poco.



Empezamos quitando las malas hierbas que se acumulaban alrededor de la puerta. Después allanamos medianamente el terreno de la entrada, pintamos unos neumáticos viejos y un barril al que hicimos cortes circulares en los laterales.




Pusimos los neumáticos y el barril y los rodeamos con piedras. El terreno entre los neumáticos y las piedras lo rellenamos con el serrín que se genera en la sierra industrial. En la fachada del estudio colgamos diversas macetas que tenía Judith guardadas.





La idea es tener un jardín de hierbas en los neumáticos y el barril. Actualmente tenemos perejil, limón melisa, salvia, estragón, tomillo, eneldo, menta albahaca, ajos, chilis, menta hierbabuena y rúcula.




Debido a que las gallinas son free range había que proteger “el jardín” así que lo rodeamos con tela metálica, que queda muy cutre. Es por esto que con las maderas sobrantes del palé en que vino la sierra industrial estamos construyendo un cercado en condiciones.




De momento sólo tenemos la parte frontal, pero antes de irnos lo acabaremos.

Cruasanes

Val es cocinero profesional y pastelero. Aprovechando que en casa de los Bakes se calienta la casa con un horno de mudbricks en lugar de con una chimenea un día nos hizo cruasanes.




Hizo la masa, la cortó en triángulos, los enrolló, al horno y… buenísimos.



Mientras tanto Marina, que no es pastelera pero podría serlo perfectamente, se entretuvo con sus pasteles (tiramisú, tarta de Santiago, bizcochos varios…)





Yo, por mi parte, sigo entretenido perfeccionando mis bravas.



Enrique & Marina

ENGLISH VERSION



We’re back here on the Net to tell you about the little things that break the routine of building a house in Australia. Let’s start in rigorous chronologic disorder because we can’t remember the dates.

The kittens

During the time we’ve been here, we’ve killed twenty three bush mice that were carrying a curious exodus from the outside of the house to the inside of the house. The magic trick: use peanut butter. Forget about cheese, that’s just a urban legend (unless you attach it really well to the trap). While we were using cheese, the mice approached the bite and quickly took the piece of cheese not even touching the trap with an Indiana-Jones-like style

But let’s focus: the little cats. The pomes brought to Australia foxes because they liked hunting them. Then, to keep the fox population feed, they introduced rabbits, too. These two are the first and the second worst plagues in the continent. After them, the feral cats are the third worst plague. We guess (we haven’t checked at all!) this plague started when an old lady lost her sweet little cat.

A fair bit ago, a feral female cat settle here in the property. Enrique and I felt really glad ‘cos that was helping us to keep the mice population at a low level. But, a feral cat is not a good ‘pet’ to have around because it’s a threat for the local birds and for the chocks. So we trapped the cat using a possum’s trap.




Only a few days later we discovered that we had two more hairy guests living in the shed. We feed the two kittens in the same spot for a day or two and then we settle again the possum’s trap hoping to catch the two of them at the same time. We didn’t want just one to go in and the other stay out or even worse, to smash the second one with the door of the cage.

Fortunately, we caught them at the first change and we thought that, being so little, they might be able become pets and live with a nice family. So we brought them to a Cat’s Shelter we found on the internet (http://www.ingridshaven.net.au/) which is about an hour drive from Kyneton. The lady who manages the place told us that they looked to be about six or seven weeks old so they may be able to become tamed. One of these days we should write her to ask how are they doing…

Henrietta’s offspring

The last time we wrote about Henrietta, she had just have five chicks that finally became four because one of them died drawn in a water container minutes after hatching. So we had three whitish chicks and a black one which were half silkies and half ‘normal’ and came from Gwen’s farm.




Thanks to the excess of food that Marina has been giving them (mainly leftovers or pieces of burnt toasts), they’ve been growing healthy and well.





At the moment, they’re already chocks. In the picture, the teenage-chocks helping Enrique to dig a hole.



We think there are three hens and a rooster. There’s at least one rooster but we’re not quite sure whether there’s any other. That’s a good rate to balance the last batch of chicks that Henrietta had (biological that time) in which there were three roosters and just one hen.

That hen is called Marina and had a handsome ‘rooster-friend’ named after Enrique. The poor Enrique got caught by a fox about a month ago. The past week, the most brave (and unfriendly) rooster of the group got caught, too. And the saddest news, we haven’t seen Henrietta since yesterday. That’s really bad although we still hope she’s nesting somewhere around the property…

Resuming, there’s only one adult rooster and a hen left plus the four teenage chocks. Henrietta will come back if she’s really lucky.

Baby lambs

Three weeks ago Gwen was busy in Melbourne during the weekend and asked us to house-sit her place just for three nights. We got there on Saturday afternoon with enough time to lock the chickens, geese and silkies and get ready to go to Castlemaine with Will (eldest son of the Bakes) and catch up with Val (our French chef friend from Strasburg).





When we got to there, all the sheep were at the bottom of the paddock while just one was left at the top. It was Lily, Gwen used to feed her with a bottle when she was just a little lamb. Now Lily acts like a dog and she’ll come as you call her and demand some cuddles or, more likely, apples, hay or any eatable product you could have.



We went closer to her to see what was going on and we discovered three just-born-lambs. Three! That was her second triplets-birth. Probably if we had got there a few minutes before we could have witness the birth of the little animals.




Unfortunately, a fox got one of them during the first night. Probably not the same fox which eats the Bakes chickens, this one is already full, I’d say. Well, at least now the lambs have one udder each. Let’s try to see the positive point.




After that night, we took the tractor out of the shed, put a bale of hay in and Lily and the lambs slept locked inside the firsts few days. During the day they’re allowed to wander around the olive grow and help Gwen to prune the olive threes. That’s why she doesn’t need any helpers at the moment, isn’t it?

I need a truck to be happy




During the days Rob was taking threes from a just-sold property in town, a heavy visit came to Bald Hill road.



The last logs were too big to fit in the family truck so the lorry driver who was working in the demolition site offered to take them home in his super cool 80’s truck.





It was huge and, as he said, it can be used as a road train, too. After a tough working day it was sparkling clean like brand new. Up there in the driver seat you could feel like an authentic Red Barclay about to eat his third Sir Loin-A-Lot.


More arrangements in the studio

We sleep in little mudbrick room that was a prospective photography studio which is about 100 meters far from the main building and just few meters from the forest. It looked a little sad from the outside so we decided to tidy up the entrance.




First, we weeded all around the door. After that, we leveled the ground in front of it, we painted some old tires and a plastic barrel and we made some holes in the sides to this last.






We settled the tires and the barrel and we surrounded them with rocks. We putted mulch (saw dust from the sawmill) in the ground between the tires and the rocks. In the front wall we hanged some pots that Judith already had.







There isn’t enough room for a vegetable garden and we’re not always going to be there to take care of it. So we decided to plant herbs, then.

Val gave us two pots with pineapple sage and a stevia (unfortunately the stevia died the week after). Jenny Steel, a friend from town, brought a pot with thyme, too. We repotted in a wall pot a tarragon plant that Judith had and some dill, chilies, chives, mint and garlic. From Gwen’s vegetable garden we got lemon balm, basil mint, parsley and baby rocket.





To avoid the chocks to go in our garden, spread all the saw dust and eat the herbs we had to surround it with some chicken wire, but looks really dodgy. We don’t want to be dodgy. So we’re building a proper fence with the pallet in which the sawmill came.




We’ve just done the front but we’ll be done before leaving.

Croissants

Our friend Val is a profesional chef. Besides he’s been trained as a pastry chef, too. To keep testing the Bake’s mudbrick ovens, we persuade Val to prepare some croissants and bake them in the indoors oven this time.





He did the pasty, cutted it in triangles, rolled it, baked them and… delicious! Real French croissants baked in Australia, dough.





Meanwhile, although I’m not a pastry chef, I’ve been preparing a few treats too (tiramisu, Santiago’s tarts and so on)






Enrique, for his part, is still trying to get the perfection in this recipe of ‘patatas bravas’ (brave potatoes if you want the literal translation).




Enrique & Marina



4 comentarios:

  1. Dios.. que hambre me ha entrado de golpe xD menudos cracks :)

    ResponderEliminar
  2. Brutal aquest post! :) de tant en quant feu-ne algun aixi tambe! Que son molt refrescants pels que vivim a la rutina europea jeje

    ResponderEliminar
  3. No sabeis lo que sufrimos al ver lo mal que os lo pasais. A ver si este suplicio se acaba pronto, porque sino, no sabemos qué será de vosotros. Besos, tía Maite y tío Sergio.

    ResponderEliminar
  4. Más que ayudándote a cavar parece una obra española, de esas que uno trabaja y cinco miran xD Me uno al comentario de la morena: Qué jambre! (apréndete esta y no os liéis con "jintar"!!)

    Quitad todas las plantas y dejad la menta/hierbabuena para hacer mojitos!!

    ResponderEliminar