jueves, 30 de mayo de 2013

BEECHWORTH



CLICK HERE TO READ THE ENGLISH VERSION

El pasado fin de semana acompañamos a Rob y Judith a Beechworth donde viven Lorraine y Ross, unos buenos amigos de la familia Bakes. De hecho, unas semanas antes, Will hizo las puertas de la casa en el taller de estos amigos y Lewis les construyó un horno. Así que subimos para enseñarles como cocinar pizza y pan ahora que el horno ya estaba para estrenarse (los mudbricks se habían secado).

Beechworth está al norte de Victoria, a unas 4 horas en coche desde Kyneton. Es una población histórica que, al igual que muchas otras en Victoria, se desarrolló principalmente durante la fiebre del oro, hacia 1850. Hay muchos edificios históricos, muy bonitos y bien conservados, un montón de bares y B&B’s y muchísimas tiendas de ropa carísima. También hay una heladería que debe ser increíble, pero incomprensiblemente cierra durante el invierno.






El pueblo es increíblemente turístico, aunque los visitantes son principalmente gente que viene de Melbourne a pasar unos días o el fin de semana, lo que se conoce como domingueros (Sunday drivers en el idioma de Isabel II). Lo que más nos gustó fue una tienda-museo de miel (The Honey Experience) que era gratis y te dejaban probar toda la miel que quisieras! Eso, y las vistas des de casa de Lorraine.

Lorraine se dedicaba a criar caballos aunque ahora “sólo” tiene diez. Tres de ellos son los que montan sus nietas, dos son ponis y el resto simplemente pastan en los 8 acres (esto es muy grande) de ‘jardín’.



Su terreno incluye media montaña. Sí, media porque solo llega hasta la cresta y la otra ladera es del vecino. Y desde esa cresta se puede ver el enorme cráter de un antiguo y gigantesco volcán. Es tan grande que no te das cuenta de que la gran llanura es el centro de un cráter hasta que alguien te lo dice y entonces ves claramente la disposición circular de las montañas.



Obviamente es un volcán que se extinguió hace millones de años, de ahí las formas  tan redondeadas del relieve. Aun así es impresionante asomarse y si te encuentras una manada de canguros saltando en tu ladera, todavía más. Que por cierto, hace un par de días nos fuimos a cenar a Castlemaine y no atropellamos a un canguro en la autopista de milagro.

Aquí va la historia: vamos por la autopista a eso de las 20:45. Es noche de luna llena pero hay niebla y hace mucho frío y humedad. Vamos a 110 km/h (es el límite tanto de las autopistas australianas como del coche que conducimos), yo voy conduciendo mientras Marina me va explicando cosas del libro que se está leyendo. Un todoterreno blanco nos empieza a adelantar por la derecha (esto es el lado correcto aquí), va bastante rápido. Justo cuando estamos en paralelo intuyo una sombra en el lado derecho de la autopista así que levanto el pie del acelerador. El todoterreno no lo hace y se lleva por delante a un canguro inmenso que sale rebotado justo por encima de nuestro capó, apenas rozándos. Los trozos de carrocería del todoterreno que salen despedidos nos dan directamente, sin ocasionar daños. El canguro muere evidentemente y el todoterreno tiene que parar porque se ha quedado sin luces y sin media parte delantera del coche. Cuando oscurece la gente va con mucha prudencia por las carreteras ya que los canguros parecen mosquitos en tanto que saltan hacia los coches (aquí lo primero que te dicen es que a los animales se les atropella y punto, no se les intenta esquivar porque eso puede ocasionar un accidente grave). Las autopistas están protegidas por barreras de entre 3 y 4 metros, por lo que la gente no espera encontrarse un canguro por ahí, motivo por el cual conducen a la australiana (muy rápido). Pues ese canguro saltó esas barreras así que imaginaos el tamaño del bicho.



Como os contábamos, Lorraine ya no cría caballos y es, en parte, porque son los dueños de uno de los bares del pueblo, con esto ya tiene suficiente trabajo. El concepto de bar en Australia es algo diferente al que tenemos en España. Para empezar les suelen llamar pubs y además de bebidas sirven platos muy decentes, tan decentes como en un restaurante. Pero tampoco son restaurantes porque están abiertos todo el día, no solo en horas de comer, y porque puedes pedir sólo bebidas sin que te miren raro. Algunos tienen una zona con billar, tele o dardos solo para copas y la mayoría también tienen una tienda de licores (en el súper no venden nada con contenido alcohólico aparte de colonia). Muchos de ellos, sobre todo los más antiguos, ofrecen también habitaciones. El de Lorraine y Ross (Nicholas Hotel) es originario de 1850, aunque obviamente ha ido sufriendo un montón de cambios de apariencia, nombre y dueños. El cambio más destacable fue hacia 1930 cuando se construyó el piso de arriba a modo de habitaciones y el local se renovó al estilo Art Deco. Ross y Lorraine han mantenido esta ambientación e incluso en la ampliación que hicieron del bar (sala de reuniones en la bodega, escenario para música en directo…) se respira un aire vintage muy años veinte. Marina se emocionó tanto con las ventanas que se le olvidó hacer fotos de todo lo demás.



Nos ha gustado tanto el pueblo que, si no hay contratiempos, nos vamos  a ir de helpers a casa de Lorraine durante una semana.

Enrique & Marina


ENGLISH VERSION
ENGLISH VERSION


A few weekends ago we went with Rob and Judith to Beechworth where Lorraine and Ross, good friends of the Bakes family, live. In fact, a couple of weeks before, Will went over there to build the doors for their house in their workshop and Lewis built an oven at their place. So, we went there to show them how to cook pizza and bread properly now that the mud brick oven is ready (the mud has to dry).

Beechworth is in northern Victoria, about 4 hours far from Kyneton. It’s an historic village that, as others in Victoria, was settled during the Gold Rush, around 1850. There’re lots of historic buildings, really nice and well preserved, heaps of pubs and B&B’s and some expensive clothes shops. There’s also a great old fashioned candy shop and an ice cream shop that’s meant to be awesome, but incomprehensively it’s closed in winter.






This little town is surprisingly popular and it’s full of visitors, although most of them are coming from Melbourne to spend a few days or the weekend, you could call them Sunday drivers, actually. What we enjoyed the most was a shop-museum about honey which was free (as proud Catalans we love free stuff) and had a long bench with all their different varieties of honeys to taste and decide which one to pick, although buying wasn’t compulsory. This and the sight from Lorraine’s place were our favorite things in Beechworth.

Lorraine used to raise horses but she only owns ten, at the moment. Three are her granddaughter’s riding horses, two are ponies and the others just spend their time wandering around the 8 acre paddock. 




Her property includes half a mountain. Yeah, just one half because the fence gets to the summit and the other hillside belongs to her neighbour. From the summit you can see the huge crater of an old ancient volcano. It’s so big that you can’t say it is actually a volcano until someone tells you. Then you realize the perfect circular setting of the surrounding mountains.



Obviously, the volcano was extinct millions of years ago, that’s why all the mountainous shapes are soft and rounded. Even so, the views are amazing and even more if you find a pack of kangaroos jumping in your hillside. By the way, the past weekend we almost run over a kangaroo in our way to Castlemaine. 

Here is the full story: it’s 20.45 and we’re on the freeway. It’s a full moon night and it’s foggy, wet and cold. We’re going at 110 km/h (which apart from the freeway speed limit it’s the car’s speed limit), Enrique is driving and Marina is telling him about the book she’s reading. A white 4WD starts overtaking us on the right lane, it’s going pretty fast. When we’re on parallel, each car on his lane, Enrique sees a shade in the right side of the road and slows down. The 4WD doesn’t, so drives over a big kangaroo which body bounces and passes over the top of our car not touching us, as a miracle. The bits of the front of the white 4WD hit our windscreen seconds after, not damaging the glass at all. 

We guess the kangaroo died, and the car, once finished its overtaking, had to stop because its lights were broken and the front was pretty damaged. We were all right but very scared.


We were telling that Lorraine doesn’t raise horses anymore and one of the reasons it’s because they also own a local pub and that’s enough work. Their pub (Nicholas Hotel) was first open in 1850, although there’ve been lots of changes since then: different names, owners and looks. The most remarkable arrangement was in 1930, when the second storey was built to host guests and the entire place was renewed following the Art Deco style. Ross and Lorraine have done a great job keeping the original furniture and style even in the extensions they built recently (a cellar for private functions, a stage…). Marina was so astonished with the leadlight windows that forgot to take pictures of all the rest.




We really liked this little town and we still have lots of places to visit, so if everything works well, we’ll stay as helpers at Lorraine and Ross’s place for a week this month!


Enrique & Marina

4 comentarios:

  1. Este nos ha pillado distraídos, interesante como todos y no lo digo por ser vosotros, vosotros, y yo, yo.
    MAT





















    ResponderEliminar
  2. Seguro que debe ser un pueblo precioso :) por cierto, me ha quedado una duda: ¿qué libro te estás leyendo Marina?

    Un beso guapos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me estaba lleyendo 'Confessions of a Shopaholic'. Literatura fina donde la haya.

      Eliminar
  3. No me gusta nada lo de la versión inglesa. Me hace sentir como si tuviera que leerla (obviamente no lo hago) y me siento un poquito mal, pero se me pasa pronto.
    Lo del canguro increíble!! Podíais haber cogido un pedacito no muy sangriento y hacer un amuleto para Sandro Rey!

    ResponderEliminar