domingo, 21 de diciembre de 2014

SENDERISMO EN LA ZONA DE QUEENSTOWN: LAKE ALTA

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Al sur de Queenstown se encuentra la cordillera de las Remarkables, en la que hace años montaron una estación de esquí a la que se accede por una carretera de rocas pequeñas, o grava muy gruesa, de 13 km de longitud que nuestro coche ha sido capaz de ascender tres veces en la misma semana. Eso sí, sin pasar de segunda. Hyundai Excel 1.6 del 89. Menudo fiera.



En el extremo suroeste de la estación, en el corazón de la cordillera, se encuentra el lago Alta, que es básicamente el hueco inundado del circo formado por las cumbres más elevadas de las Remarkables: Single Cone y Double Cone, ambas de más de 2000 metros de altura. Y hasta aquí la exhaustiva lección de geología.




Joan, Pol y yo fuimos los valientes que fuimos de excursión al Lake Alta un domingo nublado de diciembre. Dejamos el coche en el aparcamiento de la estación de esquí y fuimos hacia el lago guiándonos por nuestra fiable brújula interna porque las indicaciones brillan por su ausencia. Tampoco importaba mucho porque había niebla y no se veía casi nada. Aquí no se desanimó nadie.



Llegamos al lago en menos de media hora por lo que decidimos seguir la excursión subiendo para arriba, como las cabras, a ver si alguien encendía un ventilador, se iban las nubes, y podíamos tener buenas vistas.




Ascendimos por las laderas rocosas del circo hasta llegar a un punto en que no se distinguía entre la nieve y las nubes, por lo que decidimos que, ante el riesgo de despeñarnos, lo mejor sería volver. En el camino de vuelta paramos a comer y, milagro, las nubes se fueron.




En ese momento nos dimos cuenta de que en la ascensión anterior nos habíamos quedado a escasos metros de una torre de comunicaciones que estaba en una de las cumbres del circo. ¡Mecachis! ¿Volvemos a subir? Qué pereza…




Como teníamos tiempo y con el objetivo de tener unas fotos decentes del paisaje que mostrar a nuestras señoras madres en blogs como este decidimos llegar hasta la torre de comunicaciones.




Desde ahí pudimos ver el extremo sur del Lago Wakatipu, los picos Single Cone y Double Cone de las Remarkables, Queenstown, Frankton, Arrowtown, el lago Hayes, el aeropuerto… todo muy bonito y pintoresco.



Al final, ya de vuelta al coche, pudimos pararnos en un Lake Alta sin niebla donde incluso tuvimos tiempo de hacernos un autorretrato (selfie) con un nativo del lugar. Un par de días después volvimos a subir, esta vez sólo Marina y yo, a ver si podía presentarle a nuestro nuevo amigo, pero no hubo suerte.



Después de estas excursiones una idea comenzó a rondar nuestra mente: ascender el Single Cone.

Enrique & Marina

English version
HIKING AROUND  QUEENSTOWN: LAKE ALTA





South of Queenstown there’re the Remarkables, at the top of this mountain range there’s a ski field that you can access driving through a dirt/gravel road. This is a steep 13 km drive that our nearly-twenty-six-years-old car climbed three times in the same week with no problem. In second gear, let’s tell everything. Measure your words next time you talk about our Hyundai.



At the South-East of the ski field, in the centre of the range, there’s Lake Alta. It’s really just the inundated circus formed by the highest peaks of the Remarkables range: Single Cone and Double Cone, both higher than 2.000 m. And that’s enough Geology for today.




Joan, Pol and Enrique were the three brave blokes who decided to go first to Lake Alta on a cloudy Sunday of December. They left the car in the ski field car park and started walking using their own internal compass, as there’re as many direction marks at the beginning of this track as snakes in New Zealand. However, that wasn’t a big deal because the day was foggy too, and you couldn’t see anything further than your nose. But none of them lost his confidence. No girlfriends, no brains.



They got to the lake in about thirty minutes and decided to try to go a bit further up the mountain like goats do, with the only purpose of giving the day some time to clear out the clouds for them to have goods views.




They climbed up the rocky hillside of the circus up to a point where they couldn’t distinguish the snow on the ground and the clouds. That’s when they stopped and started their way back. They had lunch and, like a miracle made by the Gods, the clouds left.                                    




Then, they noticed that on their first attempt they stopped just a few meters below a telecom tower located in one of the tops of the circus. Damn it! Shall we go back?




Yeah, right. They had the time and they really wanted to get some decent pictures of the landscape to show their mums in their corresponding blogs. So there they went.




From this stop they could see the southernmost end of the Lake Wakatipu, Single Cone and Double Cone, Queenstown, Frankton, Arrowtown, Lake Hayes, the airport and so on. All very nice and picturesque.



Afterwards, going back to the car park, they stopped in Lake Alta where it wasn’t foggy anymore and they even could take a selfie with a local. A few days later Enrique and I went back to try to meet again their local new friend, but we weren’t lucky.



After so many visits to the Remarkables, the idea of climbing Single Cone got stuck in our minds.

Enrique & Marina

domingo, 23 de noviembre de 2014

VUELO EN GLOBO



La semana pasada tuvimos en Blanket Bay un grupo de seis huéspedes americanos muy peculiares. Tenían manías curiosas y un gran gusto por el acomodo pero era bastante divertido atenderles por lo excéntrico de sus peticiones.




El segundo día de su estancia el “líder” del grupo, que no había tenido un buen día, me preguntó “Enrique, ¿Tienes algún plan para mañana las 4:15 de la madrugada?” Obviamente le dije que no tenía pensado hacer nada a esas horas de la noche.




Resulta que tenían reservado un vuelo en globo por la zona de Arrowtown para los seis, pero ninguno quería levantarse tan pronto para conducir una hora hasta el lugar así que me ofrecieron ir a mí. Acepté encantado.




Aquella noche acabé de trabajar a las doce y a las tres y media ya me estaba levantando para ir a Blanket Bay donde nos recogería la limusina que nos llevaría a Arrowtown. Al final apareció una de las parejas del grupo, así que fuimos tres valientes.




Llegamos a la zona de despegue cuando aún estaban desdoblando los globos y descargando las cestas de los remolques. Hacía un frío que pelaba pero el sol ya empezaba a salir. Al final a las cinco y media de la madrugada el globo alzó el vuelo, llegando hasta una altura máxima de tres kilómetros. Pudimos ver el monte Cook, el monte Aspiring, el monte Earnslaw, los lagos Hawea y Wanaka… todo muy bonito.




Finalmente aterrizamos en unos campos de alfalfa, donde se suponía que debíamos ayudar a recoger el globo para luego ir a desayunar todos juntos. La pareja de huéspedes con los que fui dijeron que ellos no estaban allí para hacer trabajos físicos así que la limusina nos recogió y nos fuimos sin decir adiós a desayunar a Blanket Bay. Modales de ricos.



Esperemos que la próxima vez Marina pueda apuntarse a la aventura y, cruzamos los dedos, a ver si hay hueco en algún helicóptero para nosotros.


Enrique & Marina

miércoles, 19 de noviembre de 2014

SOUTH ISLAND TARGA RALLY

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El fin de semana pasado Marina, Èlia, Joan y yo fuimos a hacer de voluntarios a la etapa del rally de la isla sur de Nueva Zelanda que transcurre entre Queenstown y Glenorchy.




Al contrario que pasa en Catalunya con el rally de la Costa Brava o Costa Daurada (depende del año) aquí no había casi espectadores así que nos aburrimos bastante.




Participaron un montón de coches aunque no todos pudieron completar la etapa ya que, en la segunda vuelta, uno de los primeros coches en salir tuvo un accidente gordo y tuvieron que neutralizar la carrera.

Las huertonoticias: La Resistencia

Después del vendaval volvió el invierno a Glenorchy durante un par de días por lo que las veinte tomateras que teníamos fallecieron congeladas. Esto es la naturaleza, donde impera la ley del más fuerte, y nosotros no tenemos tiempo de llorar a los caídos.




Después de la tormenta salió el sol. Rebuscamos entre los escombros y, milagro, la mayoría de lechugas todavía respiraban. Las acelgas tenían muy mala pinta pero, mala hierba nunca muere, así que las pusimos en la UVI. Los calabacines y los pimientos estaban algo mareados pero parece que se pueden recuperar. Los infinitos brotes de albahaca estaban en estado de shock lloriqueando amargamente junto a un montón de cadáveres de cebollinos, que son como mini calçots.




Teníamos que organizarnos y hacer algo, nuestras verduras dependen de nosotros. Y es aquí cuando una serie de suertudas casualidades tuvieron lugar. Marina salió la tarde del martes a dar un paseo y vio, en el campo de golf, un contendor enorme rodeado de escombros. Ese contendor lo ponen una vez al año en Glenorchy para que la gente tire trastos grandes. Entre esos escombros había un par de ventanas grandes con el cristal intacto. El ojo ingenieril de Marina hizo el resto: invernaderos en potencia. Así que cuando nos vimos por la noche cuando volví de Blanket Bay me dijo “Enrique mañana por la mañana ve ver si las puedes traer, cuidado que son muy grandes”.




A la mañana siguiente me levanté y dudé entre desayunar e ir a ver las ventanas o ir a ver las ventanas y desayunar. Al final opté por la segunda opción. Me puse mi traje de Diógenes, cogí el coche y me fui al campo de golf a rebuscar entre la chatarra. Una vez llegué allí localicé las ventanas y decidí pedir permiso para llevármelas a un señor que estaba pululando por ahí. Me dijo que cogiese lo que quisiese pero rápido porque en cinco minutos venía una excavadora a romperlo todo y llenar el contenedor. ¡Suerte que no decidí desayunar primero! Saqué las ventanas del montón de escombros y resulta que son igual de grandes que el coche. El señor que estaba por ahí me dijo “tu eres el de Marina ¿no?” al más puro estilo de Villar de Argañán. Afirmé y me dijo que fuese a coger su remolque: el tráiler azul de la casa roja, en frente de nuestra casa.




Fui hacia nuestra calle y vi el enorme remolque azul delante de la casa roja, pero el señor se había olvidado decirme que estaba anclado al coche. Aparqué nuestro coche al lado, quité el remolque del otro coche y lo puse en el nuestro. Cuando el señor me vio llegar se empezó a reír a carcajada limpia. “Le has robado el tráiler a Graeme y te ha visto medio pueblo”. En ese momento se me pasó por la cabeza exiliarme en las montañas y convertirme en un ermitaño gruñón, pero como buen cristiano decidí devolver el remolque. Eso sí, primero puse las ventanas dentro y me las llevé a casa. Una vez devolví el tráiler y lo dejé tal cual estaba antes del hurto pude localizar el remolque que debía haber cogido; demasiado pequeño, suerte que no lo vi antes.



Así que ahora tenemos dos invernaderos caseros en el porche de casa donde lo que hemos bautizado como “La Resistencia” empieza a florecer.

Enrique & Marina

English version
SOUTH ISLAND TARGA RALLY



Just last weekend, Èlia, Joan, Enrique and I helped the local Glenorchy community with the stage of the South Island Targa rally covering the distance between Queenstown and Glenorchy.




We were surprised because there weren’t many spectators unlike in the Costa Brava and Costa Daurada rallies held in Catalonia.




Lots of cars were involved, though. But not all of them could finish the second lap because a car running in the middle of the line had a serious accident and the race had to be stopped.

The Veggie Patch bulletin: The resistance

After the gale, the Winter came again to Glenorchy for a couple of days probably only to kill the twenty tomato plants we had. This is nature, where the pecking order prevails and we’re running out of time to moan our losses.




After the storm, we’ve been blessed with a few sunny days. Then, we went through all the dirt and, miraculously, most of the lettuces were still alive. The silverbeets looked awful but we know they’re pretty thought, so we took them to the ICU with the hope of seeing them recover. The pots with peppers, chilies, cucumbers and courgettes were a bit sick with all this movement but they seem like they’ll survive. Finally, heaps of tiny little basil sprouts were found in a state of shock sadly crying in front of the remainings of a bunch of chives.




We had to do something, there were too many vegetable lives counting on us. And it’s here when a series of lucky events took place. On Tuesday, I found out that the District Council had left two massive containers in the golf course. Apparently, we get them twice a year so people from the Glenorchy area can get rid of any rubbish we have at home such as old electric stuff, couches and this sort of annoying rubbish. April, from work, told me that I should check out some massive windows with their glass unbroken left in there as they may be useful for the garden . So there I went with James to have a look (and also to get rid of 3 wifi modems, 8 empty boxes of Moët, an old phone and some more rubbish people we don’t know had kindly left behind in our house) and find out that they were massive and awesome. The next step was giving Enrique the order to pick them up the day after.




The next day, Enrique chose to go to get the windows and then have breakfast instead of to have breakfast and then deal with the windows business. There he went, found them and asked a gentleman who was wandering around the green if was all right to take the windows home. He said that he could take anything he wanted but quickly because there was a bulldozer coming soon to compact all that junk so it could actually fit in the container. Lucky he didn’t chose to do breakfast first! Enrique left the windows in a “safe” place by the car and found out that they were as big as our little Pony. Then the gentleman asked Enrique “Oh! You’re Marina’s man, right? You live in one of the staff houses”. Althought I’m still waiting for my diamond ring, Enrique answered “yes” to this question and he got kindly offered to use our neighbor’s trailer: the blue trailer in front of the red house, opposite our house. 




Then, he went back to our street and saw the big and flash blue trailer in front of the red house. Strange. It was attached to a car. That’s fine, he can shift it to our tow bar (yes! our Hyuday’s got a tow bar). But when he got back to the course, our neighbor was cracking up:

-You just stole Graeme’s trailer!
-Ops! I’m sure he won’t mind.
-Ok, but you tell him next time you see him.

And this is how Enrique moved our new glass covers from the GY golf course to our house. Don’t worry, he put back the trailer on its owner’s car and also told him when we saw him. He obviously knew, as everyone else in the village.



So, yes! Now we have two homemade glasshouses in the deck and the so-called “resistance” is just starting to germinate.

Enrique & Marina