domingo, 24 de agosto de 2014

SENDERISMO EN LA ZONA DE QUEENSTOWN: BEN LOMOND TRACK

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Queenstown, la segunda ciudad más poblada de Otago (<15000 habitantes) después de Dunedin, se encuentra únicamente a 45 km de Glenorchy. Ambas poblaciones se encuentran unidas por la Glenorchy Road, considerada por la Humanidad entera como una de las carreteras más bonitas del Mundo.



A Queenstown vamos a cenar de vez en cuando con Joan i Èlia, vamos a nadar a la piscina de Frankton y vamos, sobre todo, a hacer la compra cada dos o tres semanas. Es nuestra metrópolis aquí en los Alpes neozelandeses.



Gran parte del día Queenstown está a la sombra de una montaña de 1748 metros, el Ben Lomond. ¿Subimos?



Después de dos días de intensas nevadas por todo el sur de Nueva Zelanda (eso nos incluye) tuvo lugar una feliz coincidencia: día soleado con día de descanso para Marina, Joan, Èlia y yo. A la expedición se unió Laia, recién llegada desde Gavà con la intención de estar por aquí un mesecito. Nueva Zelanda le dio una buena bienvenida.



Para ascender al Ben Lomond primero hay que subir al Montjuïc de Queenstown, popularmente conocido como la Góndola porque tiene un teleférico al que aquí se refieren como góndola.



El camino hasta la cima es a través de un bosque de pinos malignos (especie invasora) por el que transcurren circuitos de descenso para bicicletas que se cruzan constantemente con el camino para peatones reacios a pagar treinta dólares por utilizar el telehuevo. Caminando se tardan unos tres cuartos de hora en llegar hasta arriba. Desde la cima de la Góndola se disfrutan unas de las mejores vistas de la bahía de Queenstown.



Una vez hechas las decenas de fotos de rigor nos dimos la vuelta y nos dirigimos hacia el objetivo del día, que es la montaña que se ve detrás de Marina en la foto superior. El Pedraforca de Nueva Zelanda.




Salimos del bosque de pinos invasores diabólicos y caminamos por la ladera de la Góndola durante un buen rato sintiendo de vez en cuando un fuerte olor a Orco de Mordor. Eran cabras montesas que no han conocido una ducha en su vida pero teníamos tanto frío que no quisimos pararnos a hacerles un fotolibro.




Afortunadamente nuestro camino se cruzó con el del Sol (estaríamos juntos hasta el descenso) por lo que pudimos pararnos de vez en cuando a mirar el paisaje que íbamos dejando atrás: el lago Wakatipu y los Alpes recién nevados.



La verdad es que el avance se hacía bastante complicado por momentos ya que no podíamos dar dos pasos seguidos sin sentir la necesidad de pararnos a hacer fotos. ¡Así no hay quien suba montañas! Pero es que claro, imaginaos que en una de estas ocasiones no nos paramos pensando que el paisaje seguirá estando ahí todo el día y luego resulta que se pone a diluviar. Porque hay que tener presente que en la montaña el tiempo puede cambiar increíblemente rápido.




Y de este modo fuimos avanzando hasta que llegamos al cuello en el que a la derecha teníamos el Mount Bowen y a la izquierda el Ben Lomond.



En este momento nos paramos porque, la foto superior es buena prueba de ello, había que mentalizarse para subir. Porque el camino se las traía.





Afortunadamente en el Departamento de Conservación son conscientes de la labor de mentalización que uno tiene que llevar a cabo antes de subir así que han puesto un banco para que por lo menos puedas hacerla sentado. Este debe ser uno de los mejores bancos del Mundo. Es sorprendente que Matías Prats no lo anuncie.




Así que con la certeza de que las vistas desde la cima del Ben Lomond debían ser espectaculares nos encaminamos hacia allá, con paso firme, lento pero seguro. Esencialmente lento. Lo vamos a dejar en decidido.





Había mucha nieve, constantemente a la altura de los gemelos y en ocasiones hasta la cintura, pero no nos rendimos. Mantuvimos nuestro ritmo machacón serpenteando por la falda de la montaña.






Una buena parte del camino de aproximación se hace por lo que sería la cresta de la montaña por lo que si mirábamos hacia la derecha veíamos un mar infinito de montañas nevadas y si mirábamos hacia la izquierda veíamos las famosas Remarkables y el lago Wakatipu.






Si mirábamos hacia delante lo veíamos todo blanco porque la subida era muy empinada, tanto que casi tocábamos la nieve con la nariz al avanzar.







Y conseguimos llegar a la cima donde hacía un viento endiablado y un frío del carajo, además de un Sol estupendo que nos permitió disfrutar de unas vistas increíbles durante un par de minutos, porque ahí no había quien se tomase las croquetas y los buñuelos de bacalao que llevábamos en la mochila.




Sí, llevábamos croquetas y buñuelos de bacalao porque Marina colaboró en la reunión anual de la asociación “Rural Women of New Zealand” confeccionando un delicioso y completísimo menú “Spanish Feast” de comida típica de casa que ya explicaremos con más detalle más adelante.

Enrique & Marina
TRAMPING AROUND QUEENSTOWN: BEN LOMOND TRACK



Queenstown is the second largest city in Otago (with over 15000 people) after Dunedin and it is only 45 km far from where we live in Glenorchy. These two places are connected by the Glenorchy Road, which is considered one of the most beautiful drives in the World.



We sometimes go to Queenstown to have dinner with Joan and Elia, to swim in the Frankton swimming pool but, overall, we go grocery shopping every two or three weeks. Queenstown is the little metropolis of the Southern Alps.



The city is most of the day on the shade of a 1748m high mountain called Ben Lomond. Shall we climb it?



After two days of heavy snowing in the South of New Zealand (this obviously includes us) a happy coincidence took place: stunning sunny day, day off for Enrique, Joan, Elia and myself. Laia, a new arrival from Catalonia who will spend a month exploring the country, joined the expedition and New Zealand welcomed her in a pretty good way!



To get to Ben Lomond we first had to walk up to the Gondola which is the quintessential scenic lookout of the city and you can reach using the aerial cable-car or gondola.



The walk up to the lookout runs through a pine forest (a foreign three as we have said in previous posts) and crosses a network of downhill-mountain-bike tracks. Thus pedestrians should be aware of the riders when crossing their lanes, as these guys go down really fast. The ticket for the gondola costs thirty dollars up and down and from the top you can enjoy the best views of the Queenstown bay you can see from the city. Besides the views there is a café, a restaurant and a luge circuit.



After taking dozens of pictures from the viewing deck, we turned our backs to the nice sights and kept going to the mountain target of the day which is the peak behind me in the picture above.




We got out of the pine forest and walked on the shady hillside of the mountain where the Gondola is. Sometimes we felt a strong smell of Mordor orc. That wasn’t orcs but filthy wild goats but we were getting cold walking in the shade so we didn’t stop to make a photobook of them.




Luckily, the Sun came to lighten our way and stayed with us most of the track making our photo stops more pleasant. Then, we could take pictures not only of the sight we had in front but also of the views we left at our backs, this is the lake Wakatipu and the Southern Alps covered in fresh snow.



However, walking forward became more challenging every minute as it was very difficult to step ahead and beat the temptation to stop again to take more pictures. This is not a serious way to climb peaks! But, you have to understand, if we don’t stop thinking that this view will be there forever I’m sure the next minute it’ll start raining (or snowing) so we not only would miss the pictures but also we’d have to abort the expedition. As responsible half-kiwis, we always keep in mind that weather conditions may change any time in the mountains.




So, in this way we got to the saddle that breaks the track in two: right towards Mount Bowen and left to Ben Lomond.



Here we definitively had to stop because, as you can see in the picture at the top, we had to get our minds ready to start walking the track.





We want to publicly acknowledge the kindness of the Department of Conservation that, aware of this need of trampers to get themselves ready, has installed a wonderful bench to do so while sitting down. This might be in the top ten of Best Benches of the World list, if there’s such thing.




After that and with the feeling that the views from the top will be worth the effort, we resumed our way steadily, slowly but confidently. Particularly slowly, though.





There was a lot of snow, most of the time up to our calves but sometimes up to our waists, but that wouldn’t make us give up. We kept our confident although slow movement winding on the slope of the mountain.






The last part of the track runs through the ridge of the mountain providing the climber with spectacular views of both sides of the mountain. Overlooking North, we saw a massive sea of snowy mountains including Coronet Peak, Mount Dewar and the Moke Lake upper in the climb; on the Southern side, the Remarkables and the Lake Wakatipu.






Looking ahead we could only see white because the slope was very steep, so steep that our noses almost touched the snow while moving forward.







But finally we got to the summit where the extremely cold wind coming from Mordor almost blew our wigs. Fortunately, the Sun was shining and we could enjoy the breathtaking views we’d been promised, but only for two minutes as the summit wasn’t the place to sit down for the picnic of croquetas and mackarel fritters we had in our backpacks.




We’re serious about having a picnic consisting on these Spanish delicatessens. I helped the Rural Women Association of Glenorchy thematize their annual assembly, so they had a complete and delicious Spanish Feast after the meeting. But we’ll tell more about it some other time.

Enrique & Marina