jueves, 12 de mayo de 2016

FUNYAKS EN DART RIVER



Hace unos días nos despertó el teléfono a eso de las siete y media de la mañana. No era nadie de Vodafone, Jazztel o similar, era la chica de la oficina de Dart River Jet de Glenorchy. Nos dijo que había un par de sitios libres para ir a hacer kayak por el río Dart y que si nos apuntábamos. Evidentemente dijimos que sí.



Fuimos hacia Dart River Jet donde se reunió el equipo de remeros: un americano, cuatro chinas muy divertidas, Marina y yo. Hicimos la charla de seguridad y nos dieron los trajes de neopreno y los chalecos salvavidas.



Remontamos el río en jetboat, un tipo de lancha que prácticamente vuela por encima del agua (puede navegar por zonas donde el agua no supera los diez centímetros de profundidad) y que fue inventada por un neozelandés hace ya muchos años.



Una vez llegamos al punto donde estaban los kayaks hinchables empezó el show de las chinas. Eran cuatro mujeres de unos cuarenta años de las que sólo una sabía palabras sueltas de inglés. Nunca habían estado en una barca y no sabían ni cómo coger un remo. El guía era inglés y no hablaba mandarín así que os podéis imaginar el esfuerzo que tuvo que hacer para que más o menos entendiesen cómo iba esto de remar. Y las chinas decían a todo que sí.

Después de la teoría las puso en el kayak para ver qué habían entendido. En ese momento fuimos testigos de la mentalidad militar que tenían: una de ellas se erigió en la líder suprema de la barcaza y empezó a coordinar, como un tamborilero en una galera, a sus camaradas. Se movían como un único ser con una sincronización perfecta. La amada líder chillaba palabras con una energía sobrehumana y las otras tres peones le respondían marcialmente. Espectacular.



En ese momento epifánico creí entender que China realmente dominará el mundo en un futuro no muy lejano. Me pareció vernos a todos con el pelo cortado siguiendo el borde de una palangana, viendo series de televisión estirados en el suelo de un Basar Oriental a las tres de la madrugada y llevando pantalones de chándal con camiseta interior de tirantes amarilleada por el sudor y chanclas con calcetines del Lidl. Afortunadamente se me pasó pronto.

A pesar de toda esa parafernalia castrense fueron incapaces de dirigir el kayak en la dirección que debían o de entender el mecanismo para hacer girar la embarcación. En un momento dado el guía les dijo que debían girar y volver y, en lugar de virar el kayak, se levantaron y se giraron ellas, bogando con la popa del kayak a modo de proa. Una vez se les pasó la fiebre soldadesca no pararon de reírse en todo el día, tanto de ellas mismas como de la desesperación del guía que rezaba para que no se le ahogaran en dos palmos de agua. Y los demás nos reímos con ellas porque eran, realmente, unas señoras muy graciosas y simpáticas.



Y en cuanto al paseo en kayak, pues muy bonito, evidentemente. Los paisajes de por aquí nos los sabemos de memoria pero desde el agua todo parece incluso más espectacular.


Enrique & Marina

miércoles, 13 de abril de 2016

SENDERISMO EN LA ZONA DE WANAKA: ISTHMUS PEAK

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Si un fin de semana de estos sin mucho que hacer decidís tirar la casa por la ventana y vais a la Estación Espacial Internacional (burdo plagio de la exitosa MIR) y justo miráis por la ventana cuando sobreorbitáis por Nueva Zelanda os daréis perfecta cuenta, entre otras cosas, de que el Lake Wanaka y el Lake Hawea están tan cerca que parecen un único megalago al que, de existir, se llamaría Wanawea. Pero esto es sólo una ilusión óptica, ambos lagos están separados por una montaña, la Isthmus Peak. Y como a todas las montañas de bien, se puede subir caminando.



Así que Marina y yo, intrépidos domingueros, cogimos todos nuestros bártulos del Decathlon y nos fuimos, xino-xano, para arriba.



El camino empieza por un tupido bosque que separa unos terrenos con vacas de unos terrenos con ciervos. Los ciervos están en época de apareamiento y, con lo fogosos que son, toda precaución es poca para evitar la aparición de varvos en los montes de Wanaka (una horrible abominación como el cebraso (cebra y pegaso) o los concursantes de Gran Hermano).



Íbamos tan tranquilos siguiendo el camino que marcaba el límite del terreno de los ciervos que casi nos da un infarto al ver que había un ciervo gigante (con una cornamenta que ni la Reina Sofía) a nuestro lado de la valla. Era un ejemplar tan majestuoso como el padre de Bambi.



Debido a un terrible episodio traumático de mi infancia rural relacionado con vacas diabólicas he desarrollado cierta aprensión a animales cornudos. Así que básicamente en lugar de ver a una cabra grande clarísimamente herbívora, lo que yo vi fue un ciervo antropófago con astas afiladas como la espada de un samurái que nos miraba con ojos inyectados en sangre y que, al ser provocado, escupiría fuego por la boca.



La cosa no pasó a mayores y pudimos continuar nuestra ascensión sin problemas. Unos minutos después del encuentro con el ciervo nos encontramos con unos cazadores que bajaban en su “coche de cazar” y llevaban cara de haber perdido a una presa. Nos reímos por dentro y les deseamos suerte al enfrentarse a John Deere, la iban a necesitar.



Pasado el bosque el camino se ensancha y la excursión se convierte en un paseíto muy empinado y bastante rocoso. El recorrido está indicado como apto para hacer en bicicleta y estamos seguros de que, en caso de llegar con piernas a la cima, la bajada debe ser muy divertida.



Una vez se llega a lo que es la zona más alta del camino, a unos 1300 m de altitud y después de dejar atrás verdaderas paredes rocosas, sorprende encontrarlo todo vallado con carteles que piden, muy respetuosamente como todo en Nueva Zelanda, que no te salgas del camino marcado para no molestar a las ovejas. Y esto lo dicen en un país en el que esquilan a las ovejas justo antes del invierno. A veces se merecen un aplauso.



En fin, pasado el shock de las vallas continuamos hacia la cima del Isthmus Peak por un camino lleno de caca de oveja, por lo que sabiamente dedujimos que en la zona de las ovejas no hay ningún cartel que ponga “señoras ovejas no salten la valla y molesten a los humanos del otro lado”. O eso, o las ovejas no saben leer.



Y llegamos a la cima, desde donde se pueden ver ambos lagos: el Wanaka y el Hawea. Y allí nos encontramos a dos simpáticas chicas “from America” que estaban estudiando en Sydney y que habían ido a Nueva Zelanda en el descanso de Semana Santa. Una era la jefa de las animadoras y la otra era la amiga feúcha pero lista que, al ir juntas, hace que una parezca más guapa de lo que es y la otra más inadaptada.  Nos pidieron que les hiciésemos una foto y me dieron una Nikon de las muy caras con un teleobjetivo digno de Félix Rodríguez de la Fuente. Les hice cuatro o cinco fotos que estoy seguro que ya están en Facebook, Instagram y en un e-mail a sus respectivos padres.



Les devolví la cámara y se ofrecieron a hacernos una foto a nosotros, a lo que, como gente educada que somos, aceptamos. Y, como ya viene siendo habitual, nos hicieron la foto más dominguera posible (no llegan al extremo del chavalote que nos hizo una foto en Fox Glacier tapando al glaciar) en la que nos pusieron en el centro de la imagen tapando las vistas (que es básicamente para lo que uno sube a una montaña). Al ver la foto que la dueña de la Nikon súper cara hizo me vino a la mente el eslogan de Pirelli: la potencia sin control no sirve de nada. Así que esperamos a que se fuesen a hacer un pipí detrás de alguna roca y nos hicimos la típica foto con la que empezamos siempre las actualizaciones del blog.



El cielo amenazaba tormenta y tuvimos miedo de asemejarnos demasiado a un pararrayos, así que emprendimos el camino de vuelta. Que es el mismo que el de ida pero de bajada. Pobres rodillas, pero somos jóvenes (yo un año más que Marina).



La vuelta es bastante más bonita que la ida ya que al subir caminos muy empinados básicamente lo que ves es el suelo que tienes delante de las narices mientras que al bajar tienes unas vistas panorámicas constantemente que te hacen plantearte la posibilidad de subir montañas caminando hacia atrás.



Volvimos a pasar por la zona de nuestro encuentro con el ciervo y lo volvimos a ver rumiando detrás de unos arbustos. Seguro que estaba masticando los restos de los cazadores que vimos horas antes. También pasamos por al lado de un poblado Pitufo, vimos sus casas pero no vimos a ningún habitante. Yo supongo que confundieron a Marina con el brujo Gargamel y se escondieron todos en el corazón del bosque.



Y así llegamos al coche y volvimos a Glenorchy a cenar, que hay que comerse las verduras que da el huerto.

Enrique & Marina

English version
Hiking around Wanaka: Isthmus Peak




If the next weekend that you’re bored with not much to do you decide to go for something exciting and travel to the outer space and check out New Zealand from up there, you’ll realise that Lake Wanaka and Lake Hawea are so close that they actually seem just one super-lake, which would be called Wanhawea if it really existed. However, that would just be an optical illusion because there’s a mountain that keeps them apart. That’s called Isthmus Peak and, like any other good old mountain, it can be climbed. 



Since we don’t need to travel through the outer space to get to Wanaka, we packed our sunday-drivers’ gear and wandered up the peak. 




The track begins going through a piece of thick native forest remaining between a cattle paddock and a deer paddock. At this time of the year, these animals are in season and we didn’t want to have a close approach with a heavy horned buck in the forest. 



We were happily walking on the marked track that runs by the deers paddock when we spotted a massive buck on our side of the fence. Its antlers gave it such an elegant look that I bet that’s the way Bambi’s dad looked like. 




Enrique developed a bit of fear towards horny animals during his partially rural childhood due to some awkward encounters with Iberian cows (which is the usual and only type of cows in Spain: massive heavy horned black cows). For this reason, he saw the buck as a bloody cannivalistic deer armed with the sharpest antlers instead of the skittish hervivore oversized goat that stags really are. 




The situation didn’t go pear shaped as you can imagine and we carried on our ascend. A few minutes after we meet a couple on their hunting gear driving their buggy down the hill with a face that could be read as “shit where’s that animal?!”. We laughed to ourselves and wished them luck catching big John Deere.




After the bush line, the path becomes wider, steeper and very rocky. Surprisingly, the track is marked as cycle-able. Honestly, the riders that manage to get to the top with both legs untouched must have a great great time going down. 




Then, pretty much in the highest section of the track at 1300 m and after leaving some impressive rock walls behind, we found ourselves surrounded by fences and screens politely asking to be respectful with the farm-animals (mostly sheep) of the property. And so we did, but that will not refrain the farmer from shearing the poor animals just before winter. 




Then, after behaving as a good citizen and reading every single screen we carried on towards the true Peak steeping on a ground covered with sheep poo. That made us think that in the sheep’s side of the fence there isn’t any sign asking them not to jump fences and disturb the humans of the other side. Or maybe there are such signs but they don’t know how to read.




Finally we made it to the summit from which you can see both Wanaka and Hawea lakes. And there we meet two girls from “America” who were studying in Sydney and spending their Easter break in NZ. One was probably the head of the cheerleaders in high school and the other one the president of the Science club, so by hanging out together one looked even prettier and the other less nerdy. They asked us if we could take a picture for them with the cheerleader’s very fancy (and expensive) Nikon. Enrique took four or five pictures that, he reckons, they’ve posted in Facebook, Instagram and send by e-mail to their parents.




When Enrique reluctantly gave their camera back, they offered to take a picture for us too with our small tough (and cheap) one. We accepted only to be polite knowing how the picture was going to look like. And as expected, it took the classic picture with us in the centre and the landscape mostly hidden behind our bodies. However, they did better that the champion who took a picture of our faces completely covering Fox Glacier. So, we let them go and we took one of those selfies that we use to start our blog updates with.




The sky was threatening with thunder and we decided that we looked too similar to the lightning rods crowning the peaks nearby thus we decided it was time to get back down. The way down is the same as to go up, it’s not a loop. Imagine our poor knees. But we’re still young, Enrique a year younger than me. 




Going back was quite nice because on the way up we were mostly concentrating on the ground while when descending you get to actually enjoy the landscape. That makes you consider to start climbing mountains walking backwards. Just saying.



We meet again our friend Bambi. This time was chewing some grass behind a bush. Enrique’s certain that the animal was actually nibbling on the remains of the hunters we saw a few hours earlier. We also crossed The Smurfs’ village. Unfortunately they all had to be sleeping or at work because we only saw their little homes and not even one of them. Enrique says they thought I was Gargamel and they all run to hide inside the forest. But I know he looks more like Gargamel than me. 




And this is how the story ends: we got into the car, drove to Glenorchy and had dinner there, because we still have to eat all the vegetables that our garden gives. 


Enrique & Marina

miércoles, 6 de abril de 2016

SENDERISMO EN LA ZONA DE WANAKA: GRANDVIEW RANGE

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Llevamos ya unas semanas escapándonos a Wanaka para explorar la región siempre que podemos. Es una zona completamente diferente a Queenstown, Glenorchy o al Lago Wakatipu en general.



Así como el Lago Wakatipu está encajado entre montañas de más de dos mil metros de altitud la zona de Wanaka está en un valle ancho y amplio. Cuenta con dos lagos casi tan grandes como el Wakatipu: el Lago Wanaka y el Lago Hawea. Ambos están rodeados por montañas igual de altas que las nuestras, pero Wanaka se encuentra en la zona de desagüe de los lagos, por lo que es ahí donde el valle se ensancha siguiendo el curso del río Clutha que es el segundo río más largo de Nueva Zelanda y el más caudaloso.



Las rutas de senderismo de Wanaka son realmente diferentes a las de Queenstown. Nuestra zona es puramente alpina, con caminitos empinados y revirados por montañas rocosas con zonas boscosas e infinidad de riachuelos creados por el deshielo.



Wanaka es puro Central Otago, las montañas son más redondeadas y tienen mayoritariamente arbustos endémicos de Nueva Zelanda. Es una zona sin grandes árboles y con la superficie muy expuesta a los elementos. Por este motivo los caminos son más anchos (la mayoría de rutas se pueden hacer en bicicleta) y tienen vistas panorámicas casi desde el principio.



En el área de Queenstown o Glenorchy las excursiones consisten en subir hasta la cima de una montaña y luego bajar o, en el caso de rutas como el Routeburn, seguir el curso de un río. En el área de Wanaka la clásica excursión consiste en subir a una de las montañas de una cordillera y entonces empezar a caminar por la cresta, enlazando así unos cuantos picos. 



La Grandview Range nos atrajo ya por el nombre (Grandview significa algo similar a grandes vistas) y también por una anécdota relacionada con el Ingeniero de Caminos que topografió la región de Otago entre 1856 y 1873 (y que se convirtió después en Topógrafo General de Nueva Zelanda entre los años 1876 y 1879), John Turnbull Thomson (o Surveyor Thomson).



Y es que fue desde la Grandview Range que Surveyor Thomson dijo que Mount Aspiring (Tititea en maorí) de 3033 metros de altitud (la montaña más alta de Nueva Zelanda fuera de la cordillera alpina donde se encuentra el Mount Cook) era el Matterhorn del Sur, debido a su forma piramidal.



La ruta por Grandview Range nos gustó mucho. Se empieza cruzando terrenos de pastoreo de ovejas y abejas (hay que pasar a escasos metros de un montón de colmenas) y se sube por un camino de 4x4 hasta lo que aquí se conoce como “skyline”, que no es otra cosa que la cresta que enlaza montañas.



Una vez arriba el camino es relativamente llano, con vistas de 360 grados donde se puede ver el enorme contraste entre los Alpes neozelandeses y las llanuras de Central Otago.
En nuestro ascenso tuvimos una suerte espectacular ya que nos vino a visitar, volando a muy pocos metros a nuestro lado, un halcón neozelandés (kārearea, Falco novaeseelandiae), que es el equivalente al lince ibérico de Nueva Zelanda. Es el único ave de presa endémica de Nueva Zelanda no extinto (para los que habéis estado en Nueva Zelanda, no confundirlo con el Aguilucho del Pacífico o kāhu, mucho más grande y marrón, que se ve constantemente comiendo animales muertos en las carreteras).



Actualmente quedan menos de 800 parejas de halcones en el país y se hacen grandes esfuerzos por conservarlas. Uno de los más llamativos es el que llevan a cabo bodegas como Peregrine (su logo es un halcón peregrino, he ahí el nombre) que crían halcones para que protejan los viñedos de otras aves (los halcones cazan pájaros al vuelo). Un poco lo mismo que hacen en los aeropuertos para evitar que palomas o gaviotas molesten a los aviones.



El halcón estuvo rondando durante toda la excursión, nunca tan cerca como en la primera visita, y tuvimos suerte de que no intentase robarnos la increíble empanada de carne que Marina había hecho para comer.



Al acabar la aventura nos fuimos a pasar la noche al Cardrona Hotel, lugar del que partiríamos al día siguiente para ascender al Isthmus Peak.

Enrique & Marina
English version




We’ve spent the last few weeks getting away to Wanaka to explore this area. Although it’s really close to us, the landscape it’s really different to Queenstown, Glenorchy and the lake Wakatipu in general.




While the lake Wakatipu feels enclosed between the over 2000m high mountains that encircle it, Wanaka is located in a wide and open valley and there’re two very big lakes surrounding the area: Lake Wanaka and Lake Hawea. There’re both delimited by mountains about as tall as the ones in the Wakatipu basin, but the city is located next to the lakes outlets thus the valley widens in this part where their waters flow to the Clutha river, which is, by the way, the mightiest and the second longest in New Zealand.




The hiking routes in Wanaka are also pretty different than the Wakatipu’s. Our area is pretty much alpine and the tracks are steep and windy and pass over rocky mountains or along New Zealand forest while crossing countless ice cold water creeks. 



However, Wanaka epitomises the Central Otago landscape with smooth shapes and dry endemic vegetation. These is low bush and hardly any tall threes, leaving a very exposed ground surface. For this reason, the paths are wider (most of them also cycle-able) and the views tend to be panoramic pretty much right from the start.  




Most of the hikes in Queenstown and Glenorchy are pretty much about climbing up and down a mountain or, sometimes, following the course of a river like the Routeburn or the Earnslaw burn up to a cirque or some other sort of interesting formation. But in Wanaka it’s more about climbing to the summit of a range and walking over the skyline while crowing a few peaks until you’re tired. Then you can turn around and start getting back to your car. 




The Grandview Range track catch our attention as soon as we read its name in the leaflet because if it’s called like that for sure needs to provide with great views, right?



From that range you can see Tititea (Mt Aspiring) sticking out 3033 meters high, it’s the highest mountain in NZ out of the Alps where Aoraki (Mt Cook) is. Titirea was referred as “the Matterhorn of the South” when John Turnbull Thomson (aka Surveyor Thomson) spotted its perfect piramidal shape from the Grandview Range. Surveyor Thomson did all the topography works carried out in the Otago region between 1856 and 1873 and after became the general surveyor of the country from 1876 to 1879. Nowadays, there’s a wine company named after him producing outstanding Pinot Noir in Central Otago. 




We should say that we loved this track. It starts crossing some paddocks where some sheep and bees share grass and flowers. Then it goes up on 4WD road that gets you to the skyline.



Once at the top, the path is pretty flat and rewards you with 360 degrees views over the Southern Alps contrasting the Central Otago flats. 


We were lucky enough to share our climb with a New Zealand falcon (kārearea, Falco novaeseelandiae) that flew just a few meters next to us. This type of falcon is the only bird of prey endemic of New Zealand still living. Do not get it mixed up with the   brown much bigger New Zealand Hawk (kāhu, circus approximans) that you see on the road nibbling on dead animals all the time.




Nowadays there’re less than 800 couples left in the country and the they’re putting a lot of effort in keeping them alive. A project pretty well know in our industry is the conservation program that Peregrine Wines (which’s logo displays a Peregrine Falcon, falco peregrinu) carries on. The winery breeds falcons not only for the sake of protecting the spices but also to keep the crop from other birds that the falcons are encouraged to hunt. That’s the same system used in some airports to keep pigeons and seagulls away from planes.




That little falcon flew over the range during all our walk but never as close as at his first approach. Which was lucky because then it couldn’t smell the unbelievable meat “empanada” I made for lunch otherwise I’m sure it would have tried to catch a piece. 




After this little adventure we stayed the night at the Cardrona Hotel, our base to climb Isthmus Peak on the next day.  


Enrique & Marina