jueves, 1 de septiembre de 2016

TREKKING POR LOS ANNAPURNAS, EL MATERIAL

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Uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos al planear el trekking por la cordillera del Himalaya de Nepal, por el macizo de los Annapurnas, fue la lista de material para llevar en la mochila. ¿Qué llevamos? ¿Cuánto peso podremos cargar? ¿Qué hace falta realmente? Así que entre el material que llevamos, el que usamos, el que nos sobró y el que echamos de menos algo hemos aprendido para la próxima escapada montañera a Nepal, a los Annapurnas, al Everest o a donde sea.

Los treks que hicimos fueron el Annapurna Circuit (8 días) y el Annapurna Base Camp (5 días). En ambos la climatología empezó siendo tropical (empezando a menos de 1000 metros de altitud) y evolucionó hacia el frío típico de la alta montaña (a medida que nos íbamos acercando a los 4000-5000 metros de altitud).

El contenido de las mochilas era de 6 kg para ambos, a los que hay que añadir el peso de la mochila y el del agua que cargamos: 2 kg extra para Marina y 1 kg para mí (al que añadimos ocasionalmente el peso de una botella de agua, por eso de llevar ambos 2 litros de agua). Cargábamos entre 7 y 8 kg cada uno (dependiendo del agua y del frío principalmente).

TECNOLOGÍA: Llevamos un teléfono móvil de hace siete años de esos que ni siquiera tienen cámara pero que la batería les dura más de una semana. Estuvo todo el tiempo desconectado, utilizándolo básicamente como despertador por las mañanas. Cada uno fuimos también con nuestro Kindle. Llevamos también una cámara de fotos con cargador de pared. No llevamos tablet (tampoco tenemos), smartphone (tampoco tenemos esto) ni ordenador (de esto sí que tenemos). Durante todo el circuito encontramos únicamente un par de sitios con wifi y pocos con electricidad así que no echamos de menos ninguno de estos aparatitos. Debido al tiempo que pasa entre pueblos con electricidad la gente que lleva smartphone tiene que cargar también con un powerbank, que pesan bastante.

SUPERVIVENCIA: Llevamos el saco de dormir (para 15 grados de confort y de 1 kg de peso), un drysack (bolsa impermeable que se pone dentro de la mochila), una linterna frontal, las camelback, cordones de recambio (al ser para botas de montaña son tan largos que los utilizamos para tender la ropa en las habitaciones), una navaja que perdí en un autobús y el botiquín con: paracetamol (lo usamos), tiritas (las usamos), vendas, manta de supervivencia (de esas que son doradas por un lado y plateadas por el otro), pastillas para el mareo (usamos), esparadrapo (lo usamos para reparar el manguito de la camelback), crema Voltaren o bálsamo del tigre (la acabamos usando para los hombros), pastillas potabilizadoras (las utilizamos casi todas, sobre todo en el ABC) y electrolitos solubles (los utilizamos en el Campo Base).

NECESER: Crema de protección solar y cacao para los labios (imprescindibles a pesar de ir en época de monzón), papel higiénico (hay que tener en cuenta que en los hostales no ponen papel en el lavabo y que si lo usas no lo puedes tirar al inodoro. Venden rollos en todos lados), cepillo y pasta de dientes, pinzas (las usamos para quitarle astillas de la mano a uno de los hosteleros del camino), repelente de insectos, toalla de microfibra de esas que se doblan tanto que caben en el bolsillo e imperdibles (muy útiles para colgar la ropa lavada de la mochila durante el día para que se secase).

ROPA: Ropa interior (acá cada cual con sus manías y rutinas de limpieza, se pueden lavar los calzoncillos a diario, que se sequen a tiempo ya es otra cosa) y calcetines (4 pares de calcetines técnicos, los pies hay que mimarlos mucho), ropa térmica (con una camiseta y unos leggins es suficiente), unos pantalones técnicos despiezables (de esos que se transforman en pantalones cortos), un jersey y una chaqueta de esas para el viento y que además son impermeables, un gorro de lana, unos buff de los que abrigan, una gorra, unos guantes de esquiar, unas polainas, un poncho que acabamos odiando y la “ropa de confort” (yo aquí usaba el traje de baño de esos que no tienen rejilla) para ponerte después de la ducha y dormir.

CALZADO: Un par de botas de montaña y unas chanclas para que los pies respiren y para usar en la ducha.

VARIOS: Una libreta, un mapa de la zona, un par de bolígrafos y una mochila pequeña para llevar las cosas que no quieres que te roben (la cartera, el pasaporte, el Kindle) cuando dejas la mochila grande en la habitación.

Y con esto uno ya va tirando tranquilamente. Hemos visto a gente llevando un secador de pelo, cámara reflex, ordenador, tablet y teléfono; Stefan llevaba un juego de ajedrez y una caja de chocolatinas que debía pesar un par de quilos, alquiló las botas y el saco de dormir en Kathmandu, Cristian no tenía pantalones largos o saco de dormir por lo que su mochila era muy pequeña comparada con las nuestras. Todos sobrevivimos y a nadie le faltó de nada.

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE NEPAL Y LA GESTIÓN DE RESIDUOS

En Nepal, igual que en otros países asiáticos que hemos visitado, tienen criminalizados a los turistas occidentales, principalmente en lo referente a la limpieza. A la mínima te cobran una tasa o un impuesto abusivo de residuos. Los edificios oficiales relacionados con la industria del turismo están llenos de carteles dirigidos a los visitantes internacionales con dibujitos y todo acerca de lo despreciable que es ensuciar la naturaleza. Pues bien, muchas gracias señores gobernantes, pero  aquí los guarros son los lugareños, ya sea por falta de educación o por desidia.

Y es que sólo hace falta mirar. No he visto a un sólo turista escupir o tirar un papelito al suelo (seguro que alguno lo hace) pero lo que sí hemos visto constantemente es a nepaleses tirando botellas de plástico por la ventanilla del autobús, acabarse unas patatas fritas y tirar la bolsa de plástico al suelo, abrir el sobre de tabaco de mascar y tirarlo al suelo, etc. Y no está mal visto ni a nadie parece avergonzarle que, 10 minutos después de que el autobús pare en un lado de la carretera eso parezca un vertedero nuclear. Tirar lo que te sobra al suelo, al río o a la cuneta es la norma entre los nativos del lugar.

Algunos yoguis occidentales que dicen que llevan viajando por el sudeste asiático desde los años 60 explican que esto pasa porque antes todo iba envuelto en hojas de bananero que podían tirar al suelo y que las vacas y otros animales se lo comían después por lo que no pasaba nada por tirar los envoltorios al suelo. Ahora estos países parecen el reino del embalaje y te venden los productos en porciones individuales y con 5 envoltorios cada uno pero sus habitantes no han sido capaces de unir la linea de puntos y ver que el plástico no desaparece mágicamente. En mi opinión esto es mentira, ya sea en grandes ciudades o en pueblos minúsculos, está todo lleno de basura y a la gente no parece importarle un pito.

Con mirar un poco los números es suficiente. En Nepal viven algo menos de 30 millones de personas y reciben unos 800.000 turistas al año. De estas 800.000 almas, 135.000 proceden de la India y 125.000 de China, países donde el estándar de limpieza y guarrería está al mismo nivel, sino algo superior, que en Nepal. 

Luego en un país de 30 millones de personas tienen las narices de responsabilizar de la suciedad y de la mierda que se acumula en las ciudades, campos y carreteras a los 500.000 turistas occidentales que visitan el país anualmente, y se quedan tan anchos. Turistas que vienen de Europa o de América, donde los países están razonablemente limpios y tienen 10 veces más habitantes que Nepal. Ahora si Nepal parece un estercolero es por estos turistas, no por los 30 millones de lugareños habituados a tirar los residuos donde les plazca. Cuánto morro que tienen algunos.

Entre los 50 euros de visado y los 40 de los permisos de trekking, que es a lo que vienen los turistas, deben sacar unos 45 millones de euros sólo en el impuesto de limpieza para turistas no asiáticos (y esto lo dicen así literalmente, si eres de la India o del sudeste asiático las tasas son una décima parte). En las tres semanas que estuvimos en Nepal no vimos ni un contenedor de basura, ni una papelera, ni un camión de la basura, ni un centro de reciclaje, etc. 

¿A dónde van estos casi 50 millones de euros? En campañas de educación para los niños en las escuelas no, en materiales para la gestión de residuos o en sueldos para el cuerpo de basureros del país no, en anuncios de televisión, radio, internet y prensa explicando que el envoltorio de las Pringles no es una hoja de bananero o que el río no va a destruir la garrafa de 5 litros de agua que acabas de tirar al agua tampoco. 

Y es que estamos hablando de un país en vías de desarrollo en el que “la gente vive al día”, donde si hoy no trabajan no comen, donde las prioridades son diferentes… pero donde hasta el más tonto tiene un smartphone último modelo con tarifa de datos que yo no me puedo permitir si quiero ahorrar dinero en Nueva Zelanda o en España a pesar de tener un trabajo estable y bien pagado. Y esto lo ves en el autobús, donde en condiciones normales cabrían 10 personas pero van más de 30 y todos mirando videos en youtube, sin ni siquiera tener que cargarlos. Incluso se ven mendigos con el platito para las monedas al lado del nuevo iPhone 6S. Al final pedirán limosna con la página del internet banking abierta en el smartphone o incluso te ofrecerán la posibilidad de utilizar PayPal. Menudo cachondeo.

Por mí pueden meterse el impuesto de basuras por donde les quepa o quitarse la careta de país subdesarrollado y llamar al impuesto por su nombre: corrupción a pagar sólo por Europeos, Americanos, Australianos o Neozelandeses, por el simple hecho de ser occidentales blancos. Me gustaría ver la que se organiza si, por ejemplo, en Europa se pusiese un impuesto a los ciudadanos de países asiáticos por el simple hecho de ser, eso, ciudadanos asiáticos.


Enrique & Marina
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ANNAPURNA CIRCUIT: THE GEAR (and some thoughts)

One of the challenges regarding the planning of this trip was to choose what gear we should take with us. What are we going to take? How much weight can we bear for that long? What is really necessary? We didn’t do too bad at the end. Therefore we’re going to write what we learnt to keep it handy for our next mountain trip to Nepal, to Everest, to Darjeeling or wherever.   

We completed two treks which were the Annapurna Circuit (AC) in 8 days and the Annapurna Base Camp (ABC) in 5 days. Both start at low altitudes (less than 1000 metres) in hot tropical zones and develop to more than 4000-5000 metres where the climate is typically dry and cold.

Both Enrique and I were carrying 6 kg of gear in our backpacks plus some water and provisions we would carry for the day. I would start the day with 2 kg of water while Enrique would take only 1 kg and occasionally add an extra one depending on the circumstances of the day. That’s between 7 and 8 kg to start with on our backs and will depend on the water usage and the temperature.  Since we always ate at our lodges and there were restaurants pretty much everywhere, we did not carry any food other than some cookies for hunger emergencies. 

ELECTRONICS: We had one single phone between the two of us and we’re saying phone because it really is a simple 7 years old cell phone that only needs charging once a week or less. We didn’t really need it but was a handy alarm clock to wake up in the mornings. We both carried our Kindles and one charger. Also a camera and its charger. We didn’t take any tablets (we don’t have one), smartphones (we don’t have these either) or computers (we do have those actually). During the trek we could only find wifi in a couple of big towns and very ofter there isn’t electricity available or there aren’t sockets for guests' use, so we didn’t miss any of these devices. People who has smartphones and rely on their cameras or need to check their mails daily usually carry a power-bank which depending on the capacity can be very heavy. 

COMFORT: Each of us took a sleeping bag designed to be used at 15 degrees with comfort that weights less than 1 kg and a 30 L drysack to line the backpack, our headlamps, our camelbacks, a spare pair of shoe laces that can also be used as hanging lines to dry clothes, a pocket knife that Enrique lost in a bus and my Leatherman. We split the first aid kit between the two backpacks with: paracetamol (used), band aids (used), bandages, a survival blanket, motion sickness pills (used), strapping tape (that I used to fix the mouth valve of my Camelbak), Voltaren (used), iodine tablets (used almost all of them in the ABC) and soluble electrolytes (used the two sackets we had in Thorong La BC).

TOILETRIES: Sunscreen and lip balm (extremely important), two rolls of toilet paper (you won’t find any in Nepali toilets and their pipework won't be prepared for it, there’ll be a bin to dispose it in every single WC), toothbrush and paste, three small soap bars and a tiny bottle of shampoo (saved for special days), tweezers, insect repellent and after bite, a tiny microfibre towel each and a few safety pins that we use to hang clothes on the drying lines. 

CLOTHING: 4 pieces of underwear (we could do a whole post about that. You can wash your underwear daily, however it’s highly possible that it won’t be dry the next day and maybe still not ready the second next. Try to avoid cotton, for example I used only a pair of lace knickers for the trek and they did get dry every single night), 4 pairs of technical socks, thermal clothes (a long sleeve shirt and pants was enough for us), detachable trekking pants (those long pants with zips that you can turn into shorts), a fleece jacket and a waterproof and windproof jacket with a removable hood, a beanie, a fleece buff and a couple of thin ones, a cap (really important), a pair of thick gloves (ski type might be too much for this time of the year), a pair of gaiters, a horrible poncho we ended up hating and throwing away and a set of comfort clothes/pijama (I used my thermal leggings and a long sleeve cotton shirt) that we only used when we were clean. 

SHOES: A good pair of waterproof hiking boots and thongs to let our feet breath and to be used in the shower. 

MISCELLANEOUS: A little notebook, a good map, a couple of pens and a very little bag to carry our valuables when not hiking. 

This is what we choose to carry and we didn’t really missed anything big. We’re not too fussy anyway, we saw people loaded with hair driers and straighteners, computers, tablets, phones. On one hand Stefan had a chess set (and it wasn’t travel sized), a big power-bank and a family sized snickers box, that easily makes 3 kg extra compared with us. His sleeping bag was thicker too and therefore his backpack also looked massive. On the other hand, Cristian didn’t have long trekking pants or a sleeping bag and for this reason his backpack was lighter and smaller than ours. All together, we all survived and did well. 

A FEW THOUGHTS ABOUT NEPAL AND THEIR WASTE MANAGEMENT

In the same way as in other Asian (and not Asian) countries, in Nepal there’s some kind of criminal vision towards tourists, particularly blaming visitors for the lack of cleanliness. For this reason, travellers have to pay high taxes and fees to enter natural reserves and other public spaces. Also, there’re posters in every single tourism office showing what a despicable thing littering is. That all is just fine, but the government should realise that it’s the locals who that really pollute maybe due to some lack of education or maybe due to plain apathy. 

This is obviously just our opinion based only on what we saw. We didn’t spot a single tourist spitting on the street or littering the road or the forest (I’m sure some do) while we constantly saw locals doing things like throwing empty plastic bottles out the bus window, the bag of chips to the ground once they’re done, etc. The saddest thing for me was the chewing tobacco wrappings completely covering the path of the whole AC, you could follow this sort of litter and be sure that at least you’ll get to an inhabited place. What is really worrying is that no one seems to be ashamed of doing that. For example, after a public bus does a short comfort stop the place looks like a landfill because throwing all their waste to the river, the side of the road or the ground itself is just the regular thing to do for them. 

Some hippy westerners who’ve been travelling around Asia since the 60’s tell that in the old days everything came wrapped in banana leaves that cows or other animals will eat when left on the ground. Then, all their waste was organic and would be composted or eaten sooner or later. Now with “progress”, Nepal along with many other countries have turned into “packaging heaven” and everything comes individually wrapped with 5 different layers of plastic. But this changes didn't come followed with any training and, according to some of these hippies, these people didn’t make the mental step to realise that this new shiny packaging wouldn’t naturally disappear. Well, we don’t really share this vision. Although that might be absolutely right at the very beginning, now that their problem with plastic disposal is so visual, this can’t be the excuse, particularly because no one even seems to give a damn. 

Let’s talk in numbers. About 30 million people lives in Nepal and 800.000 more come visit per year. Among them, 135.000 come from India and 125.000 from China, where the dirtiness standard is similar if not higher than in Nepal.

Let me call, at least, surprising that in a country where 30 million people live are only the tourists to blame for all the rubbish left in cities, roads and the country. It's surprising that people who’s used to dispose waste properly change this habit just for their month of holidays.  

Let’s do more numbers. Nepal charges 50 euros for visas on arrival and about 40 for trekking permits and to enter the Natural Parks, which is what most people comes to do. We count that the country makes about 45 million euros per year only to cover management of waste coming from Western tourists. And we don’t count not westerners because visitors from the South East of Asian pay a different price which is much lower. Despite this substancial collection, we didn’t see a single public rubbish bin or container in the street, garbage truck, recycling centre, etc. 

Where does all this money go? Probably not towards kids’ education, neither to fund waste management elements such as bins and trucks, surely not to pay an inexistent garbage collection crew and definitively not to social education that would teach people that Pringles boxes are not made out of compostable banana peels and that the river is not going to dissolve that 2 litre plastic bottle that you just threw out the window. 

We know that Nepal is a developing country and people lives on the present, they find work day by day and if they can’t earn any money one day they can’t afford food and therefore people’s got different priorities. However, we don’t get how can they all afford what for us are luxury items such as smartphones and data to use them. The usual scene while on the local bus was to be surrounded by locals looking at their phones and showing the guy next to them some funny video from youtube or the last photos their friends posted on Facebook. Let’s call this situation at least surprising again. Who knows if later in history, beggars will ask for charity via PayPal or they’d have their internet banking logged in their smartphones and open for donations.   

Anyway, what really bothers us is that those fees that pretend to be for cleaning purposes shouldn’t be called like that because it’s extremely obvious that they go straight to some corrupt elites. And of course, it really is annoying that this collection is exclusively targeted to white/westerners/not Asians: Europeans, Americans, Aussies and Kiwis. I’d like to know how big would be the scandal if in Europe we would start charging a tax only to Asian tourist for the only reason of being Asian. 


Enrique & Marina

martes, 23 de agosto de 2016

SAFARI POR EL CHITWAN NATIONAL PARK, EL LIBRO DE LA SELVA

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Estábamos muy emocionados ante la perspectiva de estar todo el día relajándonos y descansando en Pokhara, una ciudad realmente buena para ello, pero al segundo día estábamos ya aburridos. Así que nos fuimos al Parque Nacional de Chitwan, hogar del tigre de Bengala (Shere Khan), elefantes (Winifred), leopardos (Bagheera), osos perezosos (Baloo), rinocerontes y demás bestias.



Partimos de Pokhara a las 7 de la mañana, esta vez desde la terminal de autobuses que estaba realmente a diez minutos a pie de Lakeside. El viaje fue muy movido y llovió durante todo el trayecto, durante el cual tuvimos que vadear un par de riachuelos. Al llegar a Chitwan descubrimos que el agua había entrado en el maletero del autobús por lo que las mochilas de Marina y Stefan estaban empapadas. La mía se salvó.



Del páramo en el que el autobús nos dejó casi siete horas después de dejar Pokhara fuimos hasta el Rainbow Safari (en la zona Tharu de Meghauli) en la parte trasera de un camión junto a una familia de chinos de la tercera edad, una pareja de chicas chinas que intentaban secar sus mochilas con pañuelos de papel y un chico japonés que llevaba atada una toalla a la cabeza.



El Rainbow Safari estaba muy bien, la habitación que nos tocó era espaciosa y tenía ducha de agua caliente, mosquitera alrededor de la cama y un ventilador. Las comidas eran estilo buffet en el que cada día cocinaban cosas distintas con la única constante del té. Los dos señores que hacían de encargados eran muy atentos y se sabían al dedillo las agendas de cada uno. La verdad es que daban mucha tranquilidad.




El mismo día en que llegamos nos fuimos a dar una vuelta con uno de los naturalistas durante la cual pasamos por los establos donde tienen a los elefantes gubernamentales que se encargan de patrullar la jungla en verano. Durante el resto del año patrullan en coche o moto, pero en verano la vegetación es tan densa que los únicos capaces de moverse por ahí son los elefantes. El gobierno tiene “contratados” a varios de ellos para que hagan las labores de vigilancia en la jungla, principalmente para evitar la caza furtiva de elefantes salvajes (valorados por el marfil) y de tigres, leopardos y rinocerontes (muy apreciados en la santería china).




Al día siguiente a las 6:30 de la mañana estábamos subiendo a una canoa para descender por el río de camino al paseo matinal por la jungla. Durante la hora de trayecto por el río pudimos ver a un par de rinocerontes bañándose, a un cocodrilo y a un montón de aves.




Una vez dejamos la canoa empezó a llover y nos introdujimos en la selva. Nos acompañaban dos naturalistas locales, el japonés de la toalla en la cabeza y un chino al que deberían sacrificar de lo tonto que era. No se contentaba con llegar siempre cinco minutos tarde, el muy avispado se vino a la selva en sandalias, pantalón corto y camiseta de tirantes. 



Os podéis imaginar el panorama: los naturalistas, el japonés, Stefan, Marina y yo íbamos vestidos todos con ropa oscura y larga, además de llevar botas de montaña, y aparece el chavalote como quien va a comer tortilla al río. A los diez minutos los tobillos le chorreaban de sangre, y no porque se fuese chocando con raíces y ramas, que lo hacía, sino por la cantidad ingente de sanguijuelas que se le adherían a la piel. El chico entraba en pánico cada vez que se veía una así que se la arrancaba y se tiraba agua de la cantimplora sobre la herida. El resultado fue que a la media hora ya no le quedaba agua, iba sangrando como si le hubiesen vaciado el cargador de una ametralladora en los tobillos y le daba un microinfarto ante cada ruido no identificado que escuchábamos, que en la selva son unos cuantos.




Estuvimos caminando por la selva durante unas cuatro horas durante las que únicamente vimos insectos gigantescos. Ni un tigre, leopardo, elefante u otro mamífero (vimos algún ciervo, eso sí) que debían andar todos en casa viendo la tele porque estaba lloviendo a cántaros.



Volvimos al Rainbow Safari donde pudimos ducharnos, comer y prepararnos para la actividad estrella: el safari en elefante.




Nos llevaron al establo donde tienen a los elefantes e hicieron grupos de entre 3 y 5 pasajeros por animal. Nos habían dicho que el safari en elefante es la mejor manera de ver a los grandes mamíferos ya que los animales de la jungla están habituados a los elefantes y no se asustan cuando los escuchan, huelen o ven. 




Lo que nadie te dice es que los chinos encuentran tan fascinante lo de montarse a un elefante que no dejan de berrear y gritarse de elefante a elefante desde que se suben hasta que se bajan. Por este motivo hasta las ballenas de Tonga sabían que había un grupo de turistas sobre excitados entrando a la jungla de Chitwan.




Lo cierto es que los chinos eran tan molestos que el jinete de nuestro elefante, visiblemente enfadado, se separó de la manada y nos llevó por un recorrido diferente. Durante nuestro rato de libertad encontramos a una manada de rinocerontes, pudiendo acercarnos mucho a uno de ellos, unos cuantos ciervos e incluso un cocodrilo al que casi pisamos.



Al finalizar el safari los chicos del Rainbow Safari nos llevaron al criadero y escuela de elefantes donde pudimos ver a un par de bebés elefante. Incluso uno de ellos, que debía haber estado comiendo más chuches de las recomendadas, se acercó a saludarnos.



Una vez de vuelta en el Rainbow Safari nos dijeron que había habido desprendimientos en la carretera por lo que al día siguiente saldríamos muy pronto camino a Kathmandú. Nos dijeron que no teníamos que preocuparnos por nada ya que antes de partir nos bendecirían y nos pintarían el entrecejo de rojo, que es infalible.



Chitwan está a unos 150 km de Kathmandú, de donde nuestro avión salía a las 21:00. El autobús salió de Chitwan a las 8 de la mañana y llegamos a Kathmandú a las 19:45. Una vez allí cogimos un taxi y sin tener tiempo ni ganas de pactar un precio razonable nos llevó pitando al aeropuerto, llegando justo cuando estaban cerrando el embarque de nuestro vuelo a Malasia, tuvimos mucha suerte.



Casi sin darnos cuenta estábamos volando de vuelta después de casi un mes de aventuras por Nepal.


Enrique & Marina
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THE JUGLE BOOK: OUR SAFARI IN CHITWAN NATIONAL PARK





Although spending a full week relaxing and not doing much in Pokhara sounded like a great idea at the beginning, we started to find it boring on day two. Therefore we decided to move to Chitwan National Park, home for Bengali tigers (Shere Khan), elephants (Winifred), leopards (Bagheera), bears (Baloo), rhinos and others beasts.


We left Pokhara at 7 AM, this time from the bus terminal that really was a 10 minutes walk far from Lakeside. The journey was bumpy, it was raining all the time and the bus had to cross a couple of little creeks. Later in Chitwan, we found out that somehow the water made its way to the luggage compartment and Stefan’s backpack and mine were completely wet. Not Enrique’s though.


From the bus drop off and after 7 hours of bus drive, we still had to go to Rainbow Safari Resort (in the area of Tharu in Meghauli). A van from our accommodation came to pick us up and we jumped to the back of the vehicle along with a big group of elderly Chinese people, a couple of Chinese girls who tried to take the rain drops off their backpacks with pocket tissues and a Japanese young man who wore a towel around his head, what a classic.



The Rainbow Safari Resort was pretty good. Our room was very spacious and clean with an ensuite bathroom and hot water. We had a mosquito screen over our bed (we had two beds) and a fan in the ceiling. Meals were included in our rate and were served in a large dinning room and were buffet style. The food was different everyday and hot drinks were available anytime. The restaurant staff was very friendly and the hotel had two hosts who knew everyone’s schedules very well and would take care that no one would miss their activities. For a change, it was really good to just relax and let someone take you around for a couple of days.




We had lunch on arrival and later we went for a little walk with one of the in-house nature guides that included a visit to the Government elephant stables. In the summer, the police uses these animals to patrol the jungle. The rest of the year they can use motorbikes or 4WDs but in the warm season the vegetation is so thick that the only way to move around is by elephant. For that purpose, the government “hires” a few of them to help the police officers in their task, which mainly involves patrolling the jungle to protect the wildlife from poachers that illegally hunt wild elephants (highly appreciated for their ivory) and tigers, leopards and rhinos (extremely valuable in some Chinese cultures).




Next day at 6.30 AM we hopped on a canoe and descended the local river to get to the start of our morning walk in the heart of the jungle. During the hour that the ride lasted we could see a couple of rhinos bathing, a crocodile and lots of beautiful birds.




As soon as we got off the boat and back on shore and into the jungle, it started raining. We were a small group formed by: our two local guides (one leading and the other closing the march), Enrique, Stefan and me, the Japanese young man of the towel on his head and a pretty dumb Chinese young guy. This lad not only had the annoying habit of always meeting (and holding) the rest of his group 5 minutes (or more) late but also thought it was a good idea to wear sandals, shorts and a colourful singlet in the jungle, even though we all had been strongly recommended not to do so. 



You can easily picture the scene: the guides, the Japanese lad, Stefan, Enrique and me all wearing   long dark clothes and trekking boots and this fella dressed like going to the beach. Only ten minutes after the start his ankles were covered in blood, not because he was tripping with branches and roots (which he was too) but because of our dear leaches. The poor guy was covered and kept pulling them and trying to clean his wounds with water from his bottle. Of course after just half an hour he had no water and his legs still looked like a soldier’s just coming from the battle field.




We walked in the jungle for about four hours and we could only see gigantic insects. We didn’t see a single tiger, leopard, elephant or any other big mammals (only a few deer, but that’s not too exciting). Probably because they were all sitting at home watching TV since it was pouring and no one with a bit of common sense would be outdoors.



So, we asked to get back to our hotel were we had a shower, some food and got ourselves ready for the activity we had been looking forward since the beginning: the elephant ride.




In the afternoon our hosts took us to the elephant stables where they organised us in groups of between 3 and 5 people. Going on a safari by elephant is pretty exciting. We’d been told that riding those massive mammals is the best way to explore the jungle because all the other native animals are used to them. Therefore they don’t run away when they see, hear or smell them providing us with a closer approach.  




However, what no one tells you is that most of the Chinese tourists that make up the groups will be loud and shouting pretty much from the minute the climb up the elephant until they jump off. For this reason, even the whales from Tonga are aware of when it’s elephant safari time in Chitwan. That’s besides all the selfies they also take but, luckily for us, this is a way quieter activity. 





To be frank, sharing the safari with such a loud group was very annoying. Our guide, who also seem pretty irritated, decided to break apart from the pack and took a different path. That gave us the chance to view a group of rhinos from really close, a few families of deer and a crocodile that we almost step on top. 



After that, our guides from Rainbow Safari took us to the elephant nursery where we could see a few babies. There was a little one that probably had had too many elephant lollies and came demanding his daily share of cuddles. I absolutely loved that, I can’t recall seeing anything cuter than him ever in my life. 



At that time of the afternoon we done with the rain and being so wet, it was time to go back to our hotel. Our hosts welcomed us breaking the news that there was a new land slide in the way to Kathmandu and for this reason we’ll depart earlier the next morning. But there was nothing to worry about, we’ll be blessed on departure and we’ll be wearing red dots on our foreheads which will bring us good luck. 



Chitwan is only about 150 km far from Kathmandu and our plane was leaving at 21.00. The bus from Chitwan left at 8.00 (it really was on time in this case) and we got to Kathmandu at 19.45. From the “bus stop” (aka random street) we took the first taxi that didn’t look like it was going to break down within the next hour and asked the driver to take us to the airport not even agreeing on a price or route, there was no time or energy to do so. We barely made it to the counter in time to check in to our flight to Malaysia. We knew we had been very lucky after all.



And only then, while sitting on that Air Asia bus-plane, we realised that we were going back home after almost a month of adventures in Nepal. 



Enrique & Marina