viernes, 11 de abril de 2014

GLACIER BURN TRACK

Click here to read the English version

Antes de empezar con el meollo de la cuestión vamos con una aclaración. “Burn”, por aquí casi todos los topónimos o caminos se apellidan “burn”: Routeburn, Glacier Burn, Earnslaw Burn, Rockburn… ¿Y esto qué es? Pues significa río pequeño. Misterio resuelto.


La semana pasada tuvimos por aquí carreras de jetboats. Las jetboats son lanchas que los mineros de principios del siglo pasado adaptaron para poder deslizarse a toda velocidad por los ríos, muy poco profundos, de esta zona de Nueva Zelanda. Una cosa llevó a la otra y ahora se hacen carreras con ellas.


La carrera consistía en remontar el río Dart, descansar un rato y luego volver a Glenorchy. Es una carrera cronometrada, no so penséis que salen todos a la vez. Nosotros nos fuimos a ver el espectáculo al único puente que cruza el río Dart, a media hora de Glenorchy.


Las jetboats están pintadas de colorines vistosos, van muy rápidas y hacen mucho ruido. A la quinta lancha que pasó por debajo del puente ya nos aburrimos y decidimos irnos a hacer el Glacier Burn Track, un camino no muy largo (Ida y vuelta en 4-5 horas) por la cordillera de Humboltd.


El camino transcurre a través de un bosque de hayas, para variar, siguiendo el trazado de un riachuelo (Burn) que se forma por el deshielo de la nieve glaciar de la cima de la montaña (no sabemos el nombre de la susodicha, pero es muy alta).

No tenemos ninguna foto del camino por el bosque porque con la luz que hay no quedan bien, pero es un bosque muy tupido y húmedo donde los troncos de los árboles son prácticamente negros y las hojas son de un verde muy oscuro que se intensifica cuando los rayos del sol las alcanzan. Muy bonito.

El camino, si es que podemos calificarlo como tal, no está prácticamente mantenido por el DOC, por lo que muchas veces está bloqueado por árboles caídos o por los escombros arrastrados por riadas o avalanchas de inviernos pasados.


En un par de horas conseguimos llegar, con el culo y los pies mojados, a lo que es la cuenca del antiguo glaciar (morrena), donde ya no hay bosque. En lugar de las hayas lo que hay son un montón de rocas medio sueltas y trituradas por el peso de la nieve que llegan hasta la cima de la montaña de nombre desconocido.

Más o menos a unos quinientos metros de donde acababa el bosque vimos una roca gigantesca que tenía muy buena pinta para ir a tomar las patatas fritas que llevábamos. Nos costó una hora llegar hasta ahí, pero llegamos.


Una vez instalados en la roca me dispuse a explicarle a Marina la Ley de Boyle con el bote de Pringles que llevábamos en la mochila. Marina conoce la Ley de Boyle de sobras, pero tiene mucha paciencia conmigo. Debo decir también que explicaciones periódicas de la Ley de Boyle y de la maniobra de Valsalva, por ejemplo, forman parte de mi estrategia secreta para convencer a Marina de sacarse el Open Water y así hacer submarinismo juntos.


En fin, la Ley de Boyle relaciona la presión y el volumen de un gas de tal modo que, a temperatura constante (esto nos lo podemos medio saltar), su producto es una constante (pV=cte.). Esto implica que si la presión crece el volumen debe disminuir y viceversa, luego son inversamente proporcionales. De este modo el bote de Pringles debía estar hinchado ya que a mayor altitud menor presión. Pues bien, saqué el bote de la mochila, lo sujeté entre mis manos, lo alcé al cielo como Rafiki hizo con Simba y justo cuando acabé mi disertación se me resbaló. El tiempo se detuvo, pero no lo suficiente para que pudiese evitar el drama. El bote de Pringles golpeó la roca justo entre mis pies, rebotó y se precipitó al vacío con valentía, con la cara del señor Pringles sonriéndome, ignorante del golpe que iba a darse.


La roca era enorme, así que la caída fue fatal para las patatas, no sobrevivió ninguna. Me costó diez minutos llegar hasta ellas y rescatarlas, a lo que hay que sumar a Marina poniendo voz de Enrique (lo hace fatal, por cierto) y repitiendo “Hola soy Enrique y soy profe de física, voy a explicaros la Ley de Boyle”. Creo que el trozo de patata más grande que había en el bote era del tamaño de una uña de meñique, el sabor estaba intacto afortunadamente. La foto superior la tomé desde donde encontré las Pringles, para que os hagáis una idea del golpe.

En otro orden de cosas, nuestra bibliotecaria preferida, Kate, nos consiguió el libro de mitos y leyendas maorís de la biblioteca de Wanaka. Así que los fans de los mitos maorís tendréis nuevas historias que leer!

El pimer perro

Maui se fue a pescar con su cuñado, Irawaru. Maui llevaba su anzuelo mágico hecho con la mandíbula de Muri (con el que pescó la Isla Norte de Nueva Zelanda) pero no pescaba nada. Irawaru, al contrario, no paraba de sacar peces del agua, llenando la canoa con ellos.

En un momento de la tarde de pesca, sus sedales se enredaron justo cuando uno de los dos había pillado un pez. Maui se quejó y le dijo a Irawaru que soltase su línea ya que el pez que había enganchado era suyo. Irawaru cortó su sedal y Maui trajo el pez a la superficie, donde pudo verse claramente que el anzuelo que el pez tenía en la boca era el de Irawaru.

Maui estaba iracundo por lo que decidieron volver. Una vez en la playa Maui ordenó a Irawaru que se bajase de la canoa para asegurarla en la arena. Una vez se dio la vuelta, Maui le golpeó con su remo dejándole inconsciente. Maui siguió golpeándole con su remo hasta que su espalda se alargó, sus extremidades se acortaron, le creció pelo en todo el cuerpo, le salió una cola y su cabeza cambió de aspecto. Era el primer perro.

La mujer de Irawaru encontró a Maui en la playa y le preguntó por su marido. Él contestó que lo había dejado al lado de la canoa, que si no lo encontraba que probase a llamarlo diciendo “Mo-i, mo-i”, que respondería seguro. La mujer fue hacia la canoa y, al no encontrar a su marido, hizo lo que Maui le había dicho. Inmediatamente un perro fue corriendo hacia ella. La mujer entonces entendió que Maui se había vengado de su marido por ser mejor pescador que él.

Enrique & Marina

English version
GLACIER BURN TRACK


Before getting started with the story, let’s make something clear although most of you already know about it. In this area, nearly all the place names include the word “burn”: Routeburn, Glacier Burn, Earnslaw Burn, Rockburn, etc. What does it mean? It means little river, creek. Mistery solved.


Last week we had jetboat reaces in the Dart River. The jetboats are motorboats adapted during the last century to allow the miners sailing at a very high speed on the really shallow rivers we have in some regions of New Zealand. They’ve been evolving with the time and now they’re a great tourist attraction and racing and building them a popular kiwi hobby.


The race involved sailing upstream the Dart river, have a little break, and then downstream back to Glenorchy. Each boat it’s timed, they all don’t start at the same time, that’d be extremely dangerous. We stared at the show from the only bridge crossing the Dart river, about 30 minutes far on our car from Glenorchy.



The jetboats are colorful, run very fast and are extremely noisy. After the fifth boat, we got bored and went for a short hike not very far from there: the Glacier Burn Track in the Humboltd Range, 4-5 hours return.


As usual, the track goes through a beech forest, following the creek (burn) feed by the melting snows and ice of the glacier at the top of the mountain.

We don’t have any pictures of the bushy part of the track because of the poor light. The forest is very thick and wet, the trunks of the trees are almost black and their leaves, deep green. It’s a really beautiful sight especially when a few sunbeams reach the lower branches.

The path, if it can be called path, it’s clearly not so well looked after. Thus, there’re lots of threes and debris caused by previous floods and old avalanches blocking the way.


After a couple of hours, we got to the basin of the old glacier (moraine) where the forest line ends. Instead of beech trees, from the end of the bush line to the top, the mountain is covered with lose rocks crushed by the weight of the old glacierAbout five hundred meters far from there, there was a huge rock that looked like a good spot to have the chips we had in the backpack. It took us about one more hour to get there, but we finally did.


Once sitting on top of the rock, Enrique started a lecture about Boyle’s law using the package of Pringles as an example. I know about this law pretty well, but I’m as patient as a Saint and talking about Boyle’s law and the Valsalva maneuver is part of his strategy to persuade me to get the Open Water Diver license and start diving with him. Not a bad move.


In the Spanish version of this blog, there’s the actual explanation of that law, but I refuse to write about that in my part. I think he’s just trying to distract the audience. The point is that, while talking about why the cover of the Pringles package was swollen and holding it with both hands, Enrique dropped the whole thing. The time stopped, but not enough to avoid the disaster. The tin hit the rock between Enrique’s feet, bounced and fell about 30 meters down. We could see Mr Pringles’ ignoring face still smiling on his way to the hard ground.


The rock was gigantic, so the fall was fatal for the chips, none of them survived. It took him about ten minutes to reach the packet while I, trying to sound like him, was saying “Hi, my name is Enrique, I’m a physics teacher and I’ll teach you Boyle’s law”. Anyway, I think the biggest piece of chip had the size of a little finger nail, the flavour was untouched, thankfully. Enrique took this previous picture from the place where he found the jar, so you can figure out the impact.

In another matter of things, Kate our favourite librarian found the Maori legends book in the Wanaka library and ordered if for us. So now, we’ll post short myths again!

The first dog

Maui went fishing with his brother in law, Irawaru. He was using his magic hook made with Muri’s jaw (the same one he caught the North Island with) but with no luck. On the contrary, Irawaru was having a great fishing day and was filling the canoe up with fish.

At some point, their lines got tangled in the middle of a capture. Maui told Irawaru to let his go as the fish was on Maui’s line. Irawaru did as was told and Maui brought the fish out of the sea to discover that actually his hook was empty and the fish had Irawaru’s hook on his mouth.

Maui in a terrible mood and his brother in law decided to start their way back to shore. Once they reached the beach, Maui asked his sister’s husband to get down the canoe and tie it on the land. Then, Maui knocked him with his paddle and Irawaru fell unconscious on the sand. Maui kept hitting his body with the paddle until his brother in law’s back got lengthen, this arms and legs shorten, his whole body got covered with hair, grown a tail and his head changed completely its shape. Irawaru became the first dog.

Irawaru’s wife found Maui in the beach and she asked about her husband. Maui replied saying that he left him just next to the canoe and that if she couldn’t find him she should try calling “Mo-I, mo-i” as he’ll definitely go. Then she walked towards the canoe and, because she couldn’t see her partner, we did as Maui said. Immediately, the dog ran to meet her. Sadly, she realized what his brother Maui had done to her husband just as a revenge for being a better fisherman than he was.

Enrique & Marina

lunes, 24 de marzo de 2014

ROUTEBURN TRACK

Click here to read the English Version


La semana pasada aprovechamos la inmensa suerte que tenemos con el tiempo en nuestros días de descanso para irnos de caminata por el Routeburn Track, uno de los “Great Walks” de Nueva Zelanda que está a tiro de piedra de Glenorchy. Nuestra intención era subir hasta la cima de Conical Hill y ver, muy a lo lejos, el Mar de Tasmania. ¿Lo conseguimos?



Los “Great Walks” son doce espectaculares recorridos que el gobierno neozelandés tiene muy bien cuidados y preparados para que excursionistas de cualquier nivel de forma física puedan experimentar la naturaleza del país. Ideales para domingueros y gente sin costumbre de caminar, como los chinos de ciudad, que te los encuentras por aquí igual que en Pekín; vestidos con chándales verde flúor, gorras de naranjito y marcando territorio a escupitajos. Angelitos.



Son recorridos pensados para hacerse en  varias etapas, de tal modo que debas pernoctar en los refugios que el DOC (Departamento de Conservación Ambiental de Nueva Zelanda) tiene repartidos por el camino. Estos refugios son caros (54 NZD por cama y 18 NZD/persona por acampar en temporada alta) pero el dinero que ganan con estos “Great Walks” se utiliza para mantener el resto de caminos y senderos gratuitos del país, lo cual está muy bien. Es por esto que los “Great Walks” se consideran excursiones de pago y es por esto que cada vez que vemos a un guiri camino del Routeburn, el Kepler o el Milford le damos telepáticamente las gracias por contribuir al mantenimiento de los caminos que Marina yo solemos hacer, que son los gratuitos.




El Routeburn Track, que lleva siendo una atracción turística desde el año 1880,  es un recorrido de 32 km a través de los Alpes (Ka Tiritiri o te Moana) que enlaza los parques nacionales de Mount Aspiring y Fiordland y que el DOC  recomienda hacer entre dos y cuatro días (cuantos más días estás, más dinero recaudan). Nosotros sólo teníamos un día, así que nos lo montamos para hacer una excursión de ida y vuelta de unas diez horas de duración.

Routeburn Roadend – Routeburn Flats

Cogimos el coche a las siete y media de la mañana y a las ocho empezamos a caminar vestidos como esquimales a través de uno de los innumerables hayedos que hay en esta zona.

Antes de que se me vaya el santo al cielo aquí viene un pequeño inciso: este año es un “mast year”. ¿Y esto qué es? Pues resulta que las hayas nativas de Nueva Zelanda (“beech trees” les llaman aquí) no dan semillas cada año. En lugar de eso parece que se ponen de acuerdo cada x años para dar semillas todas a la vez, lo que se conoce como “mast”. ¿Qué tiene esto de especial? Todos los bosques de por aquí son de hayas, por lo que tenerlas a todas soltando semillas a la vez implica tener un montón de alimento en el sotobosque.

Antes de la llegada de los humanos (polinesios y europeos) en Nueva Zelanda sólo había pájaros por lo que un “mast year” implicaba un festín para las centenares de especies de aves nativas. Con la llegada de los humanos llegaron las ratas, los ratones y las comadrejas. Debido a la abundancia de alimento, los ratones crían muchísimo más de lo habitual, igual que las ratas.

Una vez se acaban las semillas, sobran ratones, a los que se comen las ratas y las comadrejas. Una vez no quedan ni semillas ni ratones, lo que tenemos es una invasión de ratas y comadrejas que no tienen nada que comer. ¿Qué hacen? Se comen a los pájaros nativos de Nueva Zelanda que, al no haber tenido nunca depredadores naturales, tienen el hábito de anidar en el suelo sin ni siquiera molestarse en camuflarse mínimamente.

Es por esto que el DOC está realizando campañas de aniquilación de ratas, ratones y comadrejas mediante veneno (1080, que sueltan a toneladas mediante helicópteros) y mediante trampas anualmente, con una dotación extra de veinte millones de dólares para este año. Con estas campañas se busca proteger, entre otros, al Mohua, que es una de las especies que estudia Marion Rhodes de nuestra familia en Greta Valley (Bill y Marion).

Bueno, como decíamos hace cuatro párrafos, empezamos a caminar por el bosque a las ocho de la mañana con un fresquito considerable. Adelantamos a un par de chicas que llevaban unas mochilas claramente sobredimensionadas (llenas de por si acasos seguro) y nos cruzamos con un par de señoras pensionistas que bajaban casi sin fuerzas para saludar.

Routeburn Flats – Routeburn Falls

Llegamos a Routeburn Flats (esto viene a significar los llanos de Routeburn) casi sin darnos cuenta así que seguimos sin inmutarnos hasta las Routeburn Falls (las cataratas), lugar al que muchos huéspedes de Blanket Bay van a pasar la noche y siempre comentan que es impresionante. Claro que, en general, son gente con estándares muy diferentes a los nuestros, pero bueno, nunca se sabe.



En el camino adelantamos a una pareja de valientes: ella embarazada de treinta y cuatro semanas en camiseta de tirantes y él… bueno, en caso de parto prematuro más le valía ser valiente.

Unas tres horas después de empezar a caminar llegamos hasta el “refugio” de Routeburn Falls. Madre mía. Lo que nos encontramos ahí es la versión del Ikea de Ribendel. Es un edificio con capacidad para cuarenta y ocho camas que se alza unos quince metros del suelo por lo que está a la altura de las copas de los árboles, impresionante. Pero eso no es todo.

Justo unos metros más adelante nos encontramos con el “lodge” sólo para excursionistas con guía (pijos o gente insegura que teme perderse en uno de los caminos mejor señalizados del país), que tiene hasta televisión por satélite. Y todo esto rodeado, literalmente, por los saltos de agua de la zona.

Routeburn Falls – Harris Saddle

Después de mirar ambos edificios con ojo ingenieril y catalán (qué caro debe haber sido traer todos los materiales en helicóptero) proseguimos hacia Harris Saddle seguidos por una chica rarita a la que decidimos dejar atrás acelerando el paso ya que parecía que le daba vergüenza adelantarnos incluso cuando nos parábamos constantemente para hacer fotos de tonterías. No somos buenos enviando mensajes subliminales.




Con el rato que llevábamos caminando se nos hizo medio día, por lo que alcanzamos al convoy de gente que estaba haciendo la segunda etapa del Routeburn. No nos indignamos porque después de todo este tiempo de viaje hemos alcanzado un cierto Nirvana espiritual que nos permite tolerar a las masas de domingueros, pero esto está casi tan masificado como las Ramblas en Sant Jordi. Incluso nos pareció ver a trileros preguntando a los alemanotes “¿Dónde está la pelotita?”



Harris Saddle – Conical Hill

Llegamos hasta el refugio de Harris Saddle (este es un refugio para refugiarse, no para quedarse a dormir) e inmediatamente nos fuimos a subir Conical Hill, una montaña de forma cónica no muy alta pero que, para entendernos, “hace subida” casi como el Avalanche Peak que subimos cuando estuvimos en Arthur’s Pass.




Los últimos metros de ascensión hay que hacerlos ayudándose con las manos porque es muy empinado y porque hay hielo y resbala; seguridad ante todo.




Conquistamos la cima, pusimos los brazos en jarras… y vimos el Mar de Tasmania a lo lejos.



Muy bonito. En el camino de vuelta hacia el refugio de Harris Saddle nos encontramos con la pareja de embarazados. Qué valor.




En ese refugio comimos una buena tortilla de patatas con una familia (unos treinta) de gente del Pacífico (polinesios) que tenían una guasa que parecían de Cádiz. La comidilla de ese mentidero improvisado fue la chica embarazada. Así, gracias a una señora de estas que se enteran de todo, pudimos saber que la chica era médico en el Everest, donde conoció al padre de su futura criatura, que hacía veinte años que era guía de montaña en Queenstown.



Vuelta

Después de la siesta emprendimos el camino de vuelta seguidos a muy poca distancia por los embarazados, que según nos explicaron, consideraban esta excursión algo así como una “relaxing cup of café con leche in la Plaza Mayor”. No somos nadie.





En resumen, nos lo pasamos muy bien y tuvimos un tiempo genial. No se puede pedir más.



Ya tenemos la siguiente actualización medio preparada, en este caso sobre una nueva afición que tenemos gracias a James (uno de los chefs que vive con nosotros): escalar. En breves la tendréis por aquí.

Enrique & Marina


English version


Last week we took advantage of our good luck with the weather on our days off and we walked the Routeburn Track, one of NZ’s great walk which starts less than 30 minutes far from home. Our goal for the day was climbing a mountain called Conical Hill and sight the Tasman see at the end. Did we achieve that?



NZ’s Great Walks are twelve spectacular walking tacks specially well looked after and whose topography makes them suitable for almost any level of fitness. They’re ideal for “Sunday drivers” and other people with no habit of walking such as urban Chinese people.



This tracks are a few days long so trampers should stay overnight at the huts and camping grounds that the DOC (Department of Conservation) keeps on the way. These huts are pretty expensive (54 NZD per person in a bunk or 18 NZD per person in a tent) but all this money goes to take care of not only the Great Walks but shorter and less popular ones. Besides, the maintenance of these shelters in the middle of the bush is, for sure, not cheat at all. Then, every time we see someone heading the Routeburn, Kepler or Milfor track, we say a silent “thank you” for helping with the upkeeping of the tracks we normally do, that are short and free.




Particularly, they Routeburn track has been a tourist atraction since 1880. It’s a 32 km-long track through the Southern Alps (Ka Tiritiri or te Moana) which links the National Park (NP) of Mount Aspiring with Fiorland NP. The whole track takes between two and four days depending on your level of fitness and the orbital short walks that you want to take. Again, we only had one day so we planned a 10-hours-return route.

Routeburn Roadend – Routeburn Flats

We left home at 7.30 and at 8 we were already walking through a beech forest dressed like Eskimos. We overtook two girls with a couple of backpacks with, possibly, enough gear to climb the Everest and, in the opposite direction, two old ladies with barely the strength to say “G’day”.

Just before we forget, let me tell you an interesting fact: this year is a “mast year”. What’s that? Well, beech trees don’t produce seeds every season but every certain number of years all of them manage to grow seeds at the same time, and that’s what we call “mast”. What’s special about it? Most forests here have plenty of beech trees and all this seeds become a great source of food for its wildlife.

Before any humans (Polynesians and Europeans) got to New Zealand, there were only birds to eat this seeds, and a mast year meant a feast for them and an explosion of new young birds in spring. Unfortunately, with the humans, rodents and ferrets arrived too, and now this seeds feast is enjoyed by this foreign animals first leading to an overwhelming increase of their population.

Once they’ve gone through all the seeds, rats and ferrets start eating mice. And once there’re not enough mice, starving rats and ferrets eat eggs and native birds, which are not used to predators (as they never had them before the arrival of people) and usually nest on the ground.

To help the native birdlife, DOC is running a huge program to poison rats, mice and ferrets and tracking the success of the plan. This mast year has brought the Department an extra 20 milions of NZD in their budget, so you can tell how important is the situation. The actions are not only the spread of the poison but also lots of bird counting expeditions, tracking the predator populations using traps and other devices and so on.  Moreover, not only DOC workers are involved in this task but also volunteers take a role on that.

Routeburn Flats – Routeburn Falls

We got to the Routeburn Falls almost with no notice and we kept on our way to the Falls, where lots of our guests at Blanket Bay spend a night and always say it’s amazing.



In this bit we walked past a lot of people but there was a brave couple worth to mention: she thirty-four weeks pregnant and wearing a no-sleeves shirt and he… well if the baby decides to break waters, then he better be a brave guy.

Three hours after the start, we got to the Routeburn Falls hut, where most people finish the first stage. What we actually found could be actually called the IKEA version of Ribendel. The hut is a huge building with 48 bunks located at 15 meters above the ground, so three top level. But that’s not all.

A few meters ahead there’s “The Lodge”, only available for guided trampers (yes, even the path is as obvious as a street there’s people who books a tour with a guide) with electricity and SKY TV. And all this surrounded by the Routeburn Falls.

Routeburn Falls – Harris Saddle

After inspecting the buildings with our engineer and Catalan eyes (I wonder how much was the helicopter transport of this beam up to here?) we resumed our way towards Harris Saddle.



After this time walking, we caught the people walking their second stage (starting from Routeburn Falls). The track was pretty crowded from the last point on but you can’t complain when the weather is so good that everyone wants to go outdoors and so do you.



Harris Saddle – Conical Hill

The track goes arround the Lake Harris and then reaches Harris Saddle, where there’s a day hut to be used a shelter to have a break. The path to the top of Conical Hill starts just at the back of the building so a lot of people leave their backpacks in the shelter to pick them up latter. We didn’t do it. Conical Hill is a steep but not very tall mountain and the views from the top are meant to be superb.



The last few meters were steep and we had to help us with our hand as the track was slippery and was covered with ice in some parts.




We reached the top, putted our hand on our hips… and we saw the Tasman Sea in the distance.



Very nice. On our way back to Harris Saddle we saw the “pregnant couple”. They must be very brave.




We had our lunch (Spanish tortilla) in the day shelter with a family of about thirty Polynesians, very friendly all of them. The main topic of the conversation was the pregnant tramper. Thanks to one of these ladies who know all the gossip, we discovered that the girl was a doctor in the Everest where she met the father of the baby, who’s been a mountain guide in the Queenstown area for more than 20 years.



And back

After a short nap, we started our way back followed by the “pregnants”. They told us, in other words, that this walk was like “a day in a spa” and also the last adventure before the bundle arrives.





Summarizing, we had a great time and the weather is still with us. What else can we ask for?

FOTO 19

We’re getting ready the next post, which is going to be about a new hobby that we practice with James (one of our chef/housemates): rock climbing.

Enrique & Marina