viernes, 17 de febrero de 2017

AMANECE EN LAKE LOUISE

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Hace unos días decidimos aprovechar que estamos muy al norte y rodeados de montañas, hecho que facilita enormemente ir a ver el amanecer: el sol no sale antes de las 9 de la mañana así que tampoco hay que madrugar una barbaridad para ir a verlo. Por cierto, en la foto superior el Ninja que está a mi lado es Marina, y al parecer está sonriendo.



Nos levantamos, desayunamos y subimos hacia el lago done, sorpresa, nos encontramos a medio Shangai.




Lake Louise está congelado en invierno, pero en la zona donde desagua hacia del Louise Creek el agua está fluyendo constantemente por lo que el hielo no se acaba de formar. En ese punto, y teniendo en cuenta que Lake Louise está protegido del viento, se pueden ver las montañas reflejadas.




La misión era ir a ver el amanecer a ese punto en articular, ya que se podría ver como los rayos del sol iluminan las cimas de las montañas y la luz se refleja en los glaciares, con el pequeño trozo de lago sin congelar actuando de espejo.



Pues bien, parece que no somos los únicos con ideas de este tipo. Llegamos a Lake Louise con tiempo suficiente para buscar un buen sitio y esperar, pero no mucho, que aquí hace un frío que pela.




En el lugar que teníamos pensado ya había una reunión de fotógrafos amateurs chinos con cámaras ya medio congeladas más caras que un coche (a saber desde cuándo llevaba esa gente ahí), con filtros en las lentes, trípodes con más tecnología que los que usan los topógrafos en los teodolitos, maletas con recambios para la cámara, chaquetas para expediciones antárticas y un silencio sepulcral.



Esto es divertido, si cambiásemos a estos chinos por españoles, italianos o incluso canadienses la escena habría sido probablemente diferente: en lugar de personas quietas y silenciosas haciendo guardia tras sus extremadamente caras cámaras como si fuesen francotiradores de élite de los Navy SEAL americanos, habríamos visto las cámaras listas a un lado y la gente hablando del tiempo en un círculo al otro completamente ajenos al sufrimiento de sus cámaras no tan caras.



Pero lo que había ahí eran chinos de élite listos para robarle el alma al sol, y ello requiere silencio sepulcral. Hasta que, evidentemente, llegan las dos amigas chinas de unos veintipocos años de edad que viajan por el mundo, que todo mochilero que se precie ha encontrado alguna vez y por ello las teme, que son algo así como una serie de catastróficas desdichas andantes. Llegan a una zona con dos palmos de nieve con zapatos de tacón, llevan las cámaras en maletas rosas de Hello Kitty y, al intentar estacionar el trípode se caen estando a punto de causar un efecto dominó con todos su compatriotas. A estas dos Chinas del Apocalipsis nos las hemos encontrado en Nepal (las que secaban la parte exterior de la mochila con kleenex cuando llovía), en Nueva Zelanda, en Australia, en Indonesia e incluso en Filipinas. Verlas venir genera un desasosiego peor que ver a un gato negro cruzarse en tu camino mientras pasas por debajo de una escalera derramando un tarro de sal sobre un espejo que se rompe.



En fin, todos los allí presentes sobrevivimos a esas dos desgracias vivientes y pudimos ver un amanecer muy bonito. Después de tomar las fotos de rigor nos dimos cuenta de que no sentíamos los pies de lo fríos que estaban así que nos fuimos hacia el Fairmont Chateau a recuperar un poco de temperatura y luego bajamos caminando hacia el pueblo de Lake Louise.


Enrique & Marina
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SUN RISES IN LAKE LOUISE



A few days ago we went to see the sunrise. Lake Louise is located at a very northern latitude and surrounded by mountains which delays quite a lot the time that the sun starts shinning. Now, which is the middle of the winter, the sun comes out at around 8.30. That’s actually awesome because you don’t have to wake up very early to see it. 



We woke up, had breakfast and went up the lake where, surprise!, we found about half of the population of Shangai already there.




The Lake itself is frozen the whole winter so no reflections. But there’s a tiny patch of water that stays liquid during the cold months. It’s the outlet that feeds Louise creek and probably due to the constant flow it never freezes. At that particular spot and because the bowl of the lake is very well sheltered from any wind, you can see the reflections of the mountains pretty much always. 




The mission of the day was to see the firsts lights of the day bathing the tips of the snow capped mountains and how the glaciers sparkle with the first sunlight and maybe see all this reflected in the patch of water acting as a mirror. 



We made it to the Lake Louise with enough time to find a nice spot but not too long ahead because you don’t want to be waiting in this painful cold for too much. But unfortunately we were not the only people with that mission for the day.




In our chosen site there already was a conference of Asian photographers. There was more money  worth in photography gear in that little section of the lake shore than in any good detail store. We wonder for how long they had been there setting up. They all had strange filters for their lenses, tripods that could probably be good enough for land surveying tasks, weekend-sized suitcases with extra lenses, filters, batteries and who knows what else. Their outfit was up to the standard too: Antarctic expedition jackets, fur gloves and boots that could easily come from an outer space mission. And, for a change, they were all very quiet. 



If we picture the same situation with Italians, Spaniards or even Canadians it would have been so different. Instead of a quiet group of people minding their own very expensive cameras objectives like American Navy SEAL snippers stalking over their victims, the situation would have probably been a display of different middle range cameras ready to shot in one side and one or several little groups of people loudly discussing the weather (particularly loud if the speaker is from the Mediterranean coast) or last night’s dinner among themselves and not looking too worried about their not-so-fancy cameras.



But what we had there was definitively the elite of the Asian amateur photographers, up to steal the Sun’s soul if required to get the perfect holiday photo. And this needs silence. Fair enough, now I’m serious. A good picture takes work, effort and concentration. 

That was all fine despite the couple of time that we were asked to move because someone needed that particular bit of the earth’s surface to be clear. Until here they came, the classic couple of young Asian girlfriends backpacking the world that we all have encountered and fear. Loudly they made it to the shore when the sun had already been out for a while (a.k.a. late) with their pink little trainers and their Hello Kitty suitcases. The two girlfriends produced tripods to be set in the snow, action which could have caused a domino effect to the other Asian tripods but luckily didn’t. We’ve encountered these two girls of the Apocalypses in pretty much all the countries we’ve visited. They’re probably not exactly the same couple all the time following us but they could be family. When they come along our reaction is always the same: it’s time to run away. 



This plus that we were happy enough with the pictures we took and, overall, that we started to feel our fingers and toes numb with cold meant it was the time to really head off. Well, actually head into the Fairmont to try to get the mobility of our extremities back. That was pretty important not only because we don’t want to lose our body parts but also because we needed our feet to walk back to the village.

Enrique & Marina

lunes, 6 de febrero de 2017

JOHNSTON CANYON: INK POTS

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Al ir al Johnston Canyon tuvimos una suerte inmensa con la meteorología. Hacía fresquito (entre 20 y 25 bajo cero) pero no había ni una nube. 



El día era perfecto e íbamos bien abrigados así que una vez vistas las upper falls decidimos seguir caminando hacia los Ink Pots. No sabíamos lo que eran pero estaban a unos 4 km por lo que tampoco íbamos a tardar una barbaridad en llegar hasta ellos.



Resultó que el camino es de una pendiente relativamente pronunciada, lo que unido al hecho de estar completamente lleno de nieve, hace que se avance bastante lento.



El sendero es bonito. Transcurre a través del bosque de abetos y de vez en cuando se llega a un claro en el que se puede confirmar que, efectivamente, estamos en las Montañas Rocosas.




Al final, después de batallar con la nieve y cada ez más con el frío, el bosque clarea y, casi de repente, llegamos a un valle inmenso (el Johnston Creek Valley) rodeado de inmensas montañas nevadas.




Ahí están los Ink Pots, que en inglés significa “tarros de tinta”. Son siete manantiales de agua fría (temperatura constante de 4 grados) cuyo lecho son arenas movedizas (quicksand en inglés) que burbujean debido a la constante salida de agua. 



Gracias al hecho de estar constantemente fluyendo a 4 grados su superficie no se congela completamente, por lo que se puede ver el movimiento de las arenas del fondo causado por la salida del agua. 



Estos manantiales se llaman Ink Pots porque en verano, ya sin nieve y hielo alrededor, y debido a sus diferentes profundidades y composición del agua (tremendamente cristalina) son como pequeños lagos de colores. Algunos son verdes, otros azules y otros turquesa, algo así como la paleta de Picasso en su etapa azul. Habrá que volver en verano, a horas no turísticas, a ver este espectáculo de colores.


Enrique & Marina
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JOHNSTON CANYON: INK POTS



The day we visited Johnston Canyon we got hugely lucky with the weather. It was cold (something between minus 20 and 25 degrees) but the sky was clear as. 



Despite the bitter cold, the day was perfect and we wore the right gear. Therefore we decided to carry on walking up to the Ink Pots. We weren’t sure about what would be waiting for us at the end of the trail. We only knew that it was about 4 km far from the upper falls, so it couldn’t be too far anyway. 



The trail becomes steeper after the last set of falls which along with the snowy ground made our move forward very slow. 



The scenery is beautiful. It takes you through a fir three forest and has a couple of lookouts in the middle that open your view to the incredible Rocky Mountains.




At the end, after dealing with the snowy path and when we started to feel some cold, the forest opens up to a surprisingly wide valley (Johnston Creek Valley) tucked between gigantically tall mountains. 




And there, in the middle you’ve got the Ink Pots. They are seven natural cold springs constantly at 4 degrees flowing out of a bed of quicksand. When you look at the bottom of the pools you can see the water and sand bubbling all the time. 



The pools never freeze because the water keeps its temperature above zero and therefore the surface stays partially liquid all year. They should be considered “hot springs” if compared with the air temperature!



The name of Ink Pots comes from the different colours that the pools display in the summer when there’s no ice or snow around. Depending on the depth and the minerals dissolved in the water each tiny lake will look different. Some will be green, others blue or turquoise, more or less like Picasso’s palette during his “blue period”. Well, we’ll have to come back in the summer to make sure the ink pots deserve their good name. 

Enrique & Marina

viernes, 27 de enero de 2017

JOHNSTON CANYON

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Entre Lake Louise y Banff se encuentra el Cañón Johnston. Es una excursión tan popular en verano que los nativos del lugar recomiendan encarecidamente no ir ni en pintura o, en caso de tener que aventurarse, hacerlo muy pronto por la mañana; casi antes de que salga el sol. Tal es la afluencia de japoneses, chinos y demás turistas. Este año además las previsiones son de colapso monumental ya que todos los parques nacionales de Canadá son de entrada gratuita con motivo de la celebración del 150 aniversario de la confederación canadiense (1 de julio de 1867).



El Johnston Canyon es el típico cañón fluvial de aguas cristalinas con un par de cataratas relativamente altas que recorta un bosque de abetos. Pero tienen una peculiaridad y es que en invierno, al estar a temperaturas alrededor de los 40 grados bajo cero, las cataratas se congelan. 



La caminata comienza en la carretera del Bow Valley, ahora en desuso debido a la construcción de la autopista transcanadiense, justo detrás del Johnston Canyon Lodge.




Es un recorrido muy bien indicado y mantenido que se inicia pasando por delante de la heladería, cerrada en invierno (¿Por qué?), y del árbol arqueado. En ningún lado explican por qué el árbol tiene esa forma, pero nuestra teoría es que es un árbol que de joven ignoraba a su madre y no se sentaba con la espalda recta. Ahora es una atracción turística y está en el álbum familiar de mucha gente.



Para llegar a las primeras cataratas, las lower falls, hay que caminar por un camino bien pavimentado con algunas pasarelas en voladizo que permiten ir sobre lo que en verano es el curso de agua pero que en invierno es una mezcla de nieve, hielo, agua líquida y pisadas de animales incautos. 



El sendero es relativamente llano y la distancia hasta las lower falls es de 1,1 km, así que en algo menos de media hora llegas a la primera remesa de cataratas congeladas. 



No son muy altas pero sí caudalosas. No sabemos a qué velocidad se congelan pero da la impresión que hasta la espuma y burbujas de aire están heladas alrededor del agua, haciendo que la pared rocosa parezca un bote de espuma de afeitar que se ha roto y ha dejado escapar todo su contenido.




El agua sigue fluyendo por entre el hielo y la roca por lo que cuando estás parado mirando las estalactitas y demás formaciones de hielo se puede escuchar el tronar del agua precipitándose desde lo alto de la pared rocosa. La verdad es que es bastante impresionante.

Caminando un par de km más, esta vez ya subiendo un poco más, en algo más de 45 minutos se llega a las upper falls, mucho más grandes que las lower falls.




Estás cataratas se pueden mirar desde abajo, con el riesgo de que parte del hielo se desprenda y te sepulte (esto se veía venir, y lo vimos, afortunadamente desde lejos) o desde una terraza que han montado en la parte superior.



La excursión al Johnston Canyon es relativamente sencilla, hay algún que otro tramo resbaladizo, y lo suficientemente corta como para no acabar helados con las temperaturas árticas que tenemos por aquí.


Enrique & Marina
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JOHNSTON CANYON



Half way between Banff and Lake Louise there’s Johnston Canyon. It’s such a popular walk in the summer that locals don’t even recommend you to go or, if you really want to, be there very early, by sunrise. It’s meant to be really crowded of Chinese, Japanese and tourists from pretty much anywhere in the world. This years it’s going to be particularly busy because the entry fee for all Canadian Natural Parks is free to celebrate the 150th Anniversary of the Canadian Confederation (from the 1st July 1867).



Johnston’s is the classic glacier river canyon with clear waters and a few considerably long water jumps shaped in the middle of a fir three forest. The interesting part of it is that now in the bitter cold of the Rockies’ winter the waterfalls freeze. 



The trailhead is located in the Bow Valley parkway (1A), currently underused because most people choose to take the Trans-Canada highway, just behind the Johnston Canyon Lodge.




The trail is clearly marked and well maintained and you can even find an ice cream shop closed during the winter and an odd shaped three at the very start. There’s no sing with a story about the tree so Enrique had to come up with something. He reckons that the tree didn’t listen to his mum  when a little child-three and used to sit down curving his back. Now the three is a tourist attraction and it’s probably in the family pictures book of many people all around the world.



To get to the first set of waterfalls you have to walk on a well prepared ground and some projected catwalks built over what it’s a creek during the summer and now it’s a mixture of ice, liquid water  and snow with unwary animal footprints. 



The track is mostly flat and the distance to the first falls is only 1,1 km, so basically in about half an hours at the most you’re in the first lot of frozen waterfalls. 



The jump in not very long but the flow looks generous. We have no clue about the freezing speed of the water but the edges around the main frozen river bed look like the bubbles and the foam of a flowing waterfall and the rocky wall on the side looks like covered with rock solid shaving foam. 




Liquid water keeps flowing between the ice and rocks and if you’re quiet while looking at the icicles and the rest of the ice formations you can ear the creek roaring as it drops to the lower level. It’s a pretty impressive view. 

Walking just a couple more km’s, this time a little bit steeper, in less than 45 minutes you reach the upper falls which are way bigger than the lower set. 




There’re two view points to enjoy them. There’s a lookout located on a catwalk at the bottom of the drop and another one a bit further up the track in a balcony built just above the waterfall. The lower viewing platform seems kind of dangerous since the icicles seem that they can become unattached at any time (something that we actually witnessed from the safety of the upper balcony).



Visiting Johnston Canyon should be considered a pretty easy walk even in the winter despite a couple of slippery icy patches. Besides, the time required is short enough to not get very cold even at the under -30 degrees we sometimes reach in the Rockies.  


Enrique & Marina